Eliminar el sexismo del sistema educativo chileno para una sociedad más justa e igualitaria

Por Catty García 

La Educación Sexista no es una exageración, es una realidad que se vive cada día y que hay que romper. La construcción de una sociedad más justa e igualitaria, parte por reconocer que en la educación se gestan diferencias e injusticias.

Algunas personas podrían aducir a que hombres y mujeres somos biológicamente distintos y que las diferencias en nuestras habilidades y preferencias estarían determinadas naturalmente. La evidencia científica no es concluyente aún respecto a si existe verdaderamente un cerebro masculino y uno femenino (yo siempre recuerdo que mi profesor de historia afirmaba que el Australopithecus Afarensis le llamaron Lucy porque tenía un cerebro más pequeño y las caderas anchas) pero estudios recientes sobre plasticidad neural parecen apuntar a que las diferencias entre hombres  y mujeres están influenciadas por factores externos, la cultura y la sociedad a medida que la persona se desarrolla; desde esa perspectiva es que logro encontrar el nexo entre el machismo arraigado en la cultura chilena y las relaciones de poder; ahí radica el hecho de la  “representatividad”  mayoritaria ejercida por los hombres en el senado, en el congreso, en las gerencias y lamentablemente en Chile, dirigiendo la totalidad de las universidades estatales.

El sistema educativo chileno y sus instituciones, no solamente responden a la oferta y demanda del mercado, sino que también cumplen el rol de reproducir el patriarcado y sus relaciones sociales funcionales al capitalismo: solo admite dos roles de género, en donde uno está subordinado al otro, desiguales y de condiciones favorables a los hombres (toda vez que se declaren heterosexuales) en desmedro de las mujeres (y todo lo que desde sus perspectivas sea “lo femenino”) que desarrollan habilidades diferentes “inherentes” a cada género.

Las movilizaciones del 2011 además del aprendizaje nos dejaron profundos cuestionamientos en torno al sistema educativo. Superando a la demanda de educación gratuita, desde hace ya un tiempo y con mayor presencia hoy en día, las nuevas banderas de lucha contra la lógica mercantil de la educación, como lo fue incorporar la educación no sexista. Posicionando a la mujer reivindicativa desde el feminismo  siendo subversivas y oponiéndonos  a toda relación de poder patriarcal, y en una sociedad basada en la lógica en la que  todo se  remite a relaciones de poder, pues en estas se reproduce y sostiene, partiendo por las relaciones de género, construidas para tal efecto con opresión y violencia naturalizada para el segundo término de la relación, las mujeres, como dueñas de casa, siendo doblemente explotadas, son las principales reproductoras sustentadoras –la mitad de la población–, y para toda persona que más allá del sexo/género adscrito rompa o intente terminar con tal construcción binaria. La demanda por una educación no sexista viene a romper el status quo enfocada en construir un ambiente justo e igualitario. Problemas como el bullying, acoso sexual, violencia de género y segregación deben ser abordados dentro de una propuesta que busque transformar la realidad discriminatoria en los espacios colectivos, lo que es también un sinónimo de ruptura democrática de la sociedad.

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