Nelson Garrido, fotógrafo: “El arte no está para depender del Estado, está para estar en contra del Estado”

En esta entrevista uno de los invitados estrellas del 2° Encuentro de Foto Atacama repasa algunos aspectos de los años en que vivió en Chile, nos muestra su visión crítica del arte, la actualidad chilena y venezolana, la educación y hasta de la victimización de los cultores regionales y de los mismos encuentros fotográficos. Pase y lea. Cuidado, que le dará en qué pensar.

Por Tania González

“La historia es un concepto totalmente fascista”, les dice Nelson Garrido a sus talleristas en Copiapó. Y cuando dice eso se refiere a las plazas latinoamericanas, a cada estatua de un español con una espada en la mano. Se refiere a las “regresiones” y al hecho de que todos han sido Cleopatra o Julio César, pero nunca un esclavo. A eso se refiere, y dice lo suyo: “Pero el recuerdo colectivo es otra vaina. Se reescribe la historia a través de los anónimos”.

El fotógrafo venezolano de 66 años estuvo en Copiapó en marco del 2do Encuentro de Foto Atacama. “Un viaje de concreción”, como dice él, de una relación que tiene con Chile desde el año 1967, cuando llegó como exiliado con sus padres, pero que como proceso profesional tiene unos diez años: “La primera visita la hice yo en función de un trabajo de empoderamiento que se estaba haciendo con los sectores mapuche tanto urbanos como del interior”. En ese momento trabajó junto a Andrea Josch en la exposición “Aiwin”. Se ligó a otros movimientos culturales, realizó un claustro fotográfico en Valparaíso (2010), inició intercambio de alumnos entre Chile y Venezuela (como Zaida González y Ricardo Portugueis) y está en Chile invitado por Espacio O para iniciar la filial Santiago de la ONG -Organización Nelson Garrido. Ha estado dando charlas en universidades, residencias (como la del Parque Cultural de Valparaíso), talleres en lugares como Epicentro (“un espacio para los migrantes, que es maravilloso”), La Revuelta, Casa-K.

Nelson Garrido en la Plaza de Copiapó. Foto: Alexis Rodríguez
Nelson Garrido en la Plaza de Copiapó. Foto: Alexis Rodríguez

Y hay que mencionar que se define como anarquista –pero sin pertenecer a ningún movimiento anarquista. “En el movimiento anarquista internacional existen unas posiciones que son totalmente incorrectas, por lo menos así es la posición venezolana anarquista: hay sectores que están totalmente cuadrados con el chavismo. Me parece absurdo”. Viste jeans, un sweater, su voz es suave, totalmente asequible. No tiene problemas para hablar.

Del par de años que vivió en Chile dice que lo marcó mucho, sobre todo a nivel político. “Tuve la suerte de tener como maestro a Nicanor Parra. Hubo una relación muy profunda con él a nivel personal, yo tendría 14, 15 años, y en Chile en ese momento pre-Allende había una situación política super interesante (…) Imagínate a los 14 años era como una esponjita. Y Nicanor parra es un pensamiento que te marca. Pero también en ese momento me ligué a la Hormiguita, a la ex esposa de Neruda, hacían unas peñas culturales, o sea tuve una vida muy activa y muy joven”.

La vida de Garrido está marcada por su activismo y por la fotografía, ámbitos completamente integrados. La evidencia más concreta de esto es la ONG, espacio que partió para dar cabida al desarrollo de la fotografía, pero que se vio en la necesidad de incorporar todas las otras formas de artes y expresión. El espacio de los que no tienen espacio, como se le conoce. De corte libertario, la contingencia política se vive a pulso: en las épocas de más agitación y manifestaciones, a fin de priorizar la participación en ellas se suspendieron los talleres. Y si no se puede imprimir por la falta de papel en Venezuela, hacen circular PDFs. Y si no hay dinero -que es la situación actual- se echa mano a los amigos de otros países, es decir, las ONG de Santiago y Buenos Aires que a punta de rifa y eventos a beneficio y crowdfunding buscan permitir que la ONG matriz, la de Caracas, siga funcionando. Como esta rifa que está organizando Zaida González.

La fotografía de Garrido está marcada por las imágenes de violencia, sexo y religión. Abundan los desnudos, los símbolos populares, del poder. “Yo me baso en formas sumamente clásicas, planteo temas muy radicales, pero uso elementos clásicos que me parece que son muy utilizables. Yo creo que no hay que tener prejuicios, uno usa los referentes en función del discurso que quieras dar. De repente yo tomo una foto de un perro muerto, que te puede parecer que la tomo de una manera muy clásica, lo que cambia es el tema, lo que estoy tocando. Pero yo soy un fotógrafo de oficio, creo en el oficio, creo que uno tiene que profundizar en el pensamiento y uno tiene derecho a recurrir a cualquier elemento”.

¿Cómo es el proceso creativo para ti?

“Primero, la palabra artista me parece sumamente decadente. Yo no me considero artista, me parece que justamente son esos clichés comerciales que uno no puede aceptar. Yo me considero más como un hacedor de imágenes. Yo creo que uno es como una especie de iconoclasta del momento que está viviendo, entonces uno trata de recibir todo eso que está alrededor tuyo y transformarlo en imágenes, pero imágenes que, sin caer en la cosa populista, sino imágenes que funcionen al colectivo al cual tú perteneces, en primera instancia. Si después a nivel internacional funcionan eso es otro problema. Pero yo ante todo trabajo haciendo imágenes en contra de lo que estoy en desacuerdo y el movimiento político y la situación de donde yo estoy”.

Rintintín después del ataque comanche
Rintintín después del ataque comanche

Consecuente con esta postura, Garrido hace una diferencia entre los tipos de arte que podemos encontrar hoy. Aparte del trabajo creativo, se refiere a su trabajo antropológico: “Tengo un trabajo de cuarenta años de fotografías antropológicas de toda Venezuela y yo me he nutrido mucho de lo popular, y yo creo que lo popular es un hecho contemporáneo. El problema es justamente que la cosa clasista dice que lo popular está aparte, lo popular tiene que ver con el pasado. No. Lo popular es un hecho contemporáneo, y yo creo que muchas cosas del arte popular que se les ha apartado, justamente por una cosa muy clasista, es arte contemporáneo”. De todo ello se desprende y reafirma la funcionalidad que ve el venezolano en el arte: “Yo sí creo que cambio tiene que ver con arte. O sea, un cambio de la sociedad de un nuevo tipo tiene que partir de un arte mucho más accesible, popular (…) No creo en el arte como un papel tapiz que decore casas, sino hacer arte que salga de los colectivos, y creo que hay una gran capacidad”.

Estando en Chile te ha tocado ver la marcha que hubo, la marcha feminista.

“Me parece impresionante cómo se ha ido empoderando todo eso. Justamente cuando di una charla de cierre en la exposición en Espacio O me encantó, porque de fondo empezaron a aparecer el “arrg arrg arrg” de la marcha y yo decía justamente, la marcha, lo que estaba oyendo atrás, era más importante que lo que estábamos haciendo en la conferencia y que el arte tenía que estar en la calle, no metido en los espacios así privados”.

Y relacionado con esta preocupación tuya, del cuerpo como elemento central dentro de tu obra, la discusión ha estado centrada en las mujeres con las tetas al aire. ¿Cuál es tu interpretación de esta crítica que hay desde los hombres, de las mismas mujeres, a estas mujeres que se sacan la ropa?

“En todos los talleres que he estado dando desde que llegué a Chile siempre llegamos al tema del acoso sexual. O sea que es el tema central que está pasando y yo toco el tema del cuerpo, el erotismo, la diversidad sexual, y por supuesto siempre caemos en ese tema. En todas las charlas que he dado, siempre digo: hay que ubicar el problema del acoso sexual, que es una instancia de abuso de poder. La gente se concreta en el acoso, pero no en qué genera el acoso, o sea verlo más políticamente”.

¿Cómo es en Venezuela?

“En Venezuela tenemos un problema político tan grave encima que esencialmente estamos luchando contra el poder que nos está matando. Pero yo vi eso tan fuerte aquí como en Lima, en Argentina, es una cosa que está arrancando a nivel mundial con una potencia grandísima. El gran problema es que, si no hay una perspectiva política, eso queda (sonido pirotécnico) como pasó en España con los desadaptados, que pasó con una cantidad de movimientos, que cuando llegado un cierto nivel de presión social empezaron negociaciones que los líderes pasen a la asamblea, se incorporen… o sea uno ve todos los muchachos de la adherencia estudiantil que ha sido tan fuerte, terminan ubicados en puestos de poder”.

Autocrucifixión de Nelson Garrido. A la derecha del fotógrafo, quemado y ensangretado el certificado del Premio Nacional de Arte que obtuvo en 1991, concepto que también figura en la corona.

De su militancia en la izquierda le queda la decepción y la formación como agitador. La primera en tanto los líderes de movimientos sociales son cooptados por el poder estatal, y la segunda como vocación que aplica en cada aspecto de su vida. Y en eso está su función de maestro -palabra que por cierto no pronuncia él. “Mientras la educación no esté de manera crítica (…) es acumulación de información. La información tiene que ser una manera de transmitir un pensamiento libertario, de práctica de libertad”, afirma con vehemencia. Y añade: “El gran problema es que la persona crítica es un problema para el poder (…) La verdadera educación es crear inconformes. En caso mío, yo creo inconformes. En el taller yo voy metiendo elementos de inconformidad”.

La historia es un concepto totalmente fascista.

Así es su compromiso: “Yo estoy en Copiapó, coño, para mí mis alumnos es lo más importante, trasmitirles cosas, información, y les doy mi correo, que ellos sepan que me puedan llamar a toda hora con internet, yo los puedo ayudar en lo que puedo ayudarlos. ¿Qué sería bonito? Que alguien de Copiapó se fuera a Caracas, que alguien del taller pidiera que lo mandaran para Venezuela y estuviera un mes con nosotros allá, en Caracas. Eso es formación. Y que un alumno mío viniera para acá, Copiapó, y se quedara un mes con ustedes. Hay que crear redes. Y La única manera contra el poder es crear redes, pero así con focos”.

¿Tienes alguna apreciación a buenas a primeras de la diferencia del centro y la provincia, Santiago con las “regiones”, como si Santiago no fuera una región?

“No tengo una apreciación, pero lo que sí pasa es que como en toda América Latina es el eterno problema cultural que todo se centra en la capital. Todo pasa en las capitales y el resto del país es así como en Venezuela se dice monticulebra. No hay una distribución cultural, como otras cosas también, sino que se centra en la capital. En Venezuela me la paso haciendo talleres fuera de Caracas porque toda la parte cultural se concentra en Caracas. Fuera de la capital la gente es mucho más receptiva. El capitalino cree que todo se lo merece porque él es capitalino, pero la gente de las regiones le llega la cosa así. Porque por eso para mí es importante venir a Copiapó, porque apoyo esa descentralización de la capital en toda Latinoamérica”.

¿Hay una diferencia en la propuesta artística?

“No tengo suficientes elementos para esa percepción, pero tanto en el movimiento político como el movimiento artístico de las periferias realmente tienen más posibilidades de resistencia porque están en una especie de resistencia, pero todo depende de Santiago. O sea, tanto el hecho que yo esté aquí es pagado por el Ministerio de Cultura, desde Chile, desde Santiago. Todo el mundo está esperando el Fondart. Creo que el arte se ha burocratizado un poco en Chile y todo es en función del Fondart. (…) Te transformas en un llenador de carpetas para ver si te consigues subsidios y no piensas más en la obra, sino que prevalece como logro que me financien antes que qué es lo que quiero decir. Creo que eso ayuda, pero también paraliza el movimiento cultural, porque lo hace dependiente del Estado y el arte no está para depender del Estado, está para estar en contra del Estado”.

Saturna devorándose a sus hijos
Saturna devorándose a sus hijos

El efecto de ese arte es lo que él llama el “arte domesticado”. Pero su crítica se extiende a los mismos artistas de regiones: “Creo que las regiones no pueden siempre ver como referencia el centro.  Se tiene que generar tanto a nivel de literatura, fotografía o cualquier otra cosa, generar movimiento de las regiones que sea para las regiones, no en comparación a Chile. O sea, las regiones no pueden producir en función de que sean aprobados en Santiago. Hay una cosa dependiente que hay que romper (…) entonces si quieres sacar fanzines, saca fanzines si no puedes sacar libros; si tienes que sacar publicaciones en fotocopia sácalas, pero que la literatura circule. Nuevamente se está más pendiente de la forma que el contenido”. De hecho, su crítica es más profunda y amplia: “La gente no ha hecho obra y ya quiere exponer. No ha escrito y ya quiere publicar. Entonces empieza la victimización de los artistas, el tipo dice: “Coño es que a mí nunca me han publicado –ah es que todavía no he escrito el libro”. Coño, primero escribe un libro, genera una literatura fuerte y después viene la publicación. Ustedes ponen la publicación antes que el libro, las exposiciones antes de hacer las fotos y tener una obra. O sea, tienes que ver hacia dentro, no puedes ver hacia Santiago. Los referentes, el paisaje, la situación de la región, eso es una cosa que también hay que ser un poco autocrítico. Para criticar Santiago también hay que criticar a las regiones que no terminan de consolidarse como independientes de la capital”.

¿Cuál es tu planteamiento con tu participación en el Encuentro de Foto Atacama?

“Primero me parecía importante, coño, no quedarme en Santiago para ver otra gente de las regiones, pero también hacer una crítica de tanto encuentro. A mí siempre me invitan una vez y nunca me invitan dos veces porque me pongo a decir la que voy a decir ahorita: habría que hace un balance de los encuentros. Tendría que haber un balance de ver qué se ha logrado con ese encuentro. Que haya continuidad. Es que de repente si yo doy un taller dentro de dos años yo tengo que trabajar con el mismo grupo para tener continuidad (…) Yo creo que la cultura no se puede transformar en un hecho estadístico. Porque viene el ministerio y dice, hicimos tantos talleres, hicimos tantos encuentros”.

Los indicadores.

Claro, o sea, me cago en los indicadores. Yo creo que hay que hacer un análisis mucho más crítico de los resultados del encuentro. Entonces llegan los participantes y hacen 10, 15 talleres, pero después de 15 talleres, qué he logrado yo en mi lenguaje personal. O sea, decir fueron tantos alumnos y se hicieron tantos talleres, tantas horas de clases, y los indicadores. Lo que pasa es que justamente uno de los vicios del poder es que todos son indicadores. Y cubrimos a tantos alumnos y tantas horas en clases, oye, dar becas para investigación, por ejemplo. Que tú dices yo no voy a hacer una exposición, un libro, sino becas de investigación. Una persona que esté investigando algo necesita no tener que salir a trabajar sino investigar. Pero una investigación no la financian. Financian libros, exposiciones, pero no el proceso de investigación, porque el proceso de investigación tú no lo ves, cuantitativamente no entra en los indicadores. Ver si de repente de las regiones se manda gente al exterior, que se enfrente con la fotografía internacional y regrese, todo se centraliza en Santiago, entonces siempre viajan los mismos. ¡Coño, el viaje es muy importante para la formación de los nuevos fotógrafos, literatos! (…) Hay que formar a los que vienen nuevos, hay que invertir en las nuevas generaciones. Ahorita yo estoy en función de mis alumnos. Cuando un alumno mío expone, lo hace y me siento más feliz que una exposición mía. No me invites a mí a viajar, invita a mis alumnos. Porque siempre son los viejos de siempre y hay que invitar a los que no han viajado. Ahí es donde se forma”.

Así de claro, así de sencillo. Mientras lo fotografían para esta entrevista, le pregunta a uno de sus talleristas -quien saca las fotos- detalles técnicos de la cámara, de cómo la va a sacar. El paseo por la plaza está lleno de pausas y reflexiones. Y se va caminando solo. Llegará a ver una película, a responder correos de sus alumnos. “Coño, si tú viniste pa acá tienes que responsabilizarte de eso que estás sembrando”. 

Nelson Garrido y Romina Alarcón. Foto: Alexis Rodríguez

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