La agricultura tradicional resiste en los campesinos Del Valle del Huasco

La agricultura tradicional sobrevive en Alto del Carmen, El Valle del Huasco conserva algunas de las formas más amigables de economía familiar en nuestra región. Trabajar la tierra, entenderse con ella. En la siguiente columna Francisca Berríos nos da su visión sobre esta realidad de Atacama. 

Por Francisca Berríos, desde Alto del Carmen

Dicen que es desierto. Miramos los mapas que nos dibujan y solo vemos cerros café, con pequeños íconos alumbrando el vacío. Pero vivimos el verde fértil y diverso de cada pequeño terreno sembrado: papas, tomates, ajíes, granadas, paltas, uvas sabrosas, guayabas, mangos. Podríamos seguir enumerando frutas, verduras, vida y valle.

“porque la palta, digamos, la palta es como…como el pan, todo el mundo la come, y como que todos quieren comerse una paltita a la hora de once, es apetecida…es como a ver, como las papas, como el trigo…es como una cosa básica, por lo menos pa’ la gente que aquí.” (agricultor, sector El Pedregal).

“En este valle, yo pienso que todavía aquí tenemos la posibilidad de que no se ha transformado en monocultivo, de eso me alegro que toda la gente todavía tiene sus paltos, sus huertos, en este valle” (Agricultor, El Rosario).

Cada agricultor y agricultora manteniendo su tradición, patrimonio vivo en sus manos, en su ejercer diario, silencioso y persistente. Trabajo con la tierra, con el agua. Con el ser uno con la tierra. Con la Pachamama. Hay un saber que resiste el avance del extractivismo, el avance de la uva de exportación que puebla el territorio con un verde parejo. Desiertos verdes. Resiste el agricultor y la agricultora contra la megaminería que nos arrasa cada día. Rompiendo tejidos sociales, comprando acciones de agua, comprando voces y leyes, contaminando nuestras aguas, y destruyendo nuestros glaciares.

“yo creo que hoy el tema más grave es agua y medio ambiente, que no se vean afectados por contaminación de las empresas (…) Pero esperamos que la minera, que es lo que más nos afecta, cierre por completo. Eso por lo menos es lo que yo creo.”(Agricultora, La Majada)

Acá está la vida, el vivir la agricultura cada día, de sol a sol. Regando por surco, echando guano de cabra para fertilizar, arando con animal, sembrando historia, tradición ancestral. Es la agricultura del valle del Huasco Alto una cosmovisión, un sentir y un ser, un círculo perfecto entre el agua, el animal, la semilla, la siembra y el cuidado, la cosecha. Y la vuelta a empezar. Es a la vez el aprendizaje de la paciencia, del ver cuajar el fruto, esperar, regar, podar. Y esperar trabajando silencioso pero con la certeza de la familia nunca se muere de hambre, siempre habrá algo que poner en la mesa.

 “La gente que es de acá siempre reserva su espacio pa’ su arbolito que le da la frutita. Dejan su rinconcito con verduras, pero generalmente los que son de afuera no respetan si había una planta antigua, así,…sacan todo…y ponen todo de paltos, de parras.” (agricultor, sector La Vega)

 Y es esta herencia un capital, un puntal en la lucha de muchas y muchos habitantes del Valle del Huasco Alto que llevan más de 17 años en la defensa del agua, de la tierra y de la vida. Todas y todos sentimos que el agua vale más que el oro. Y que la agricultura es la herencia del valle.

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