“Resistencia del Territorio”, un concepto para resguardar y valorar nuestro patrimonio

“Resistencia del Territorio”, un concepto para resguardar y valorar nuestro patrimonio

Hace unas semanas se realizó en Antofagasta el “Séptimo Congreso Nacional de Comunidades del patrimonio”, una instancia en que agrupaciones civiles de distintos puntos del norte de Chile debatieron sobre el trabajo en el rescate de sectores patrimoniales. A continuación uno de los participantes del evento, Luis Vicencio, nos entrega sus reflexiones en torno a la resistencia de las comunidades por salvaguardar su patrimonio.

Por Luis Vicencio

“Resistencia del Territorio”. Una frase que a priori puede sonar a conflicto  toma sentido al asistir a las ponencias del Séptimo Congreso de las comunidades del patrimonio, desarrollado a mediados de este mes en Antofagasta como corolario de los encuentros zonales de Copiapó, Valparaíso y Puerto Montt. En todos ellos se vio reflejado el sentir de las comunidades en relación a lo que ocurre con su territorio, cultura e historia, lo que nos permite constatar cómo lentamente más personas despiertan hacia la necesidad de rescatar y resguardar los elementos que le son propios y de las generaciones antecesoras y predecesoras de su misma comunidad.

En el encuentro se trataron distintas temáticas incluyendo al patrimonio urbano e industrial, donde se pudo observar lo tarde que se ha llegado al desarrollo de labores de salvaguarda. Los casos de Chuquicamata y Potrerillos en el Norte, Lota y Pilpilco en el Sur, son algunos ejemplos de lugares donde las decisiones de carácter económico prevalecieron y se beneficiaron ante la inacción, preocupación tardía, falta de memoria o exceso de credulidad de sus habitantes ante las promesas de las autoridades, marcando de esta forma la suerte de dichos lugares.

Por otra parte, se evidenciaron las afectaciones al territorio a partir de medidas discutibles desde lo técnico y lo legal en torno a los permisos inmobiliarios, cambios de uso de suelo y decisiones políticas, tal como ocurre hoy en gran parte de Chile. Muestras de esto son el atropello al hermoso “Plan Serena”, que entre otras cosas disponía el respeto e incentivo a los espacios y pulmones verdes de La Serena y el ya dramático caso de Estación Central con sus “guetos verticales”, donde los permisos de construcción otorgados traspasan profundamente el sentido común, perjudicando abiertamente la calidad de vida de sus habitantes.

Esto, lejos de significar que hay poco por hacer, es un aliciente para las fuerzas vivas que despiertan hoy a la resistencia en todo nuestro territorio y que deben aprender de los errores propios y de las experiencias de otros para que la apropiación social llegue a tiempo. La protección patrimonial que con frecuencia se asocia solo a las iniciativas de gobierno, tiene su inicio principalmente en las organizaciones sociales una vez que se ha encendido la chispa de la identidad colectiva. Los casos de la estación de Ferrocarriles de Cartagena y del empoderamiento civil de Chuquicamata, son pautas de cómo se ha obligado a las administraciones de estos lugares a escucharles y considerarlos en su accionar, hechos de particular importancia si hacemos un paralelo con lo que ocurre en nuestra región con la antigua estación de Ferrocarriles de Copiapó y probablemente lo que ocurrirá con el Campamento Minero de El Salvador.

Entonces, es este el momento de ocuparnos de cómo hacemos ciudad y cuál es el futuro de nuestro pasado ante preguntas claves como: ¿Qué ocurre con nuestro patrimonio? ¿Cuál es su situación actual y proyección? ¿Tenemos identidad en nuestra región? ¿Cuál es la posición y accionar de nuestras autoridades y la empresa privada ante estos temas?

En este sentido iniciativas nacionales como estos encuentros tienen la posibilidad de influir incluso en el diseño de la ley de Monumentos Nacionales. Por su parte, las iniciativas locales como las acciones de la organización Amigos de Potrerillos, La Corporación Qhapaq Ñan en Diego de Almagro, la Fundación Patrimonio del Barrio en Copiapó y Chulengo Atacama en Freirina, confirman nuevamente la importancia de la asociatividad y son un buen comienzo para poner estos y otros temas en el tapete e iniciar democratización.

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