Mabel Tapia y los cambios que parten con el barro: “Entendemos que las palabras no son nada sin la acción”.

Mabel Tapia es la fundadora de la primera escuela-taller que funciona como centro de prácticas de liceos técnicos en Chile. Es la creadora de la Fundación Defensa Patrimonio del Barrio. Es archivista y está encargada del Archivo Histórico Municipal de Copiapó. En esta entrevista conversamos del origen de la Escuela-Taller Luisa Orellana y cómo a través de ésta pretenden generar una mejor sociedad. Y el punto de partida es el barro.

Por Tania González Chávez

El 13 de mayo se repetía la pesadilla para la región de Atacama. Volvieron a bajar las quebradas, se volvió a desbordar el río, y muchas casas se volvieron a llenar de barro y agua, más agua que en 2015. En Copiapó, nuevamente el sector de Las Heras fue uno de los más afectados y hubo que echar mano de la solidaridad de la comunidad.

La Fundación Defensa Patrimonio del Barrio hizo una convocatoria abierta a nivel nacional buscando voluntarios, principalmente para labores de limpieza. Llegó gente de Santiago, La Serena y Copiapó. Entre ellos, miembros de algunas de las once escuelas-taller de Chile, que están en red, y con la cual la Fundación tenía contacto a través de la Asociación de Barrios y Zonas Patrimoniales de Chile.

Con esta energía y algo de frustración, nació la Escuela-Taller Luisa Orellana de Copiapó. Escuela de artes y oficio al alero de la Fundación, y como esta última, está a cargo de Mabel y Ricardo Cossio.

¿Por qué pasan del voluntariado a una escuela, que es más formal y de largo aliento?
“Nuestro objetivo como fundación es poner en valor nuestro sistema constructivo tradicional como parte del patrimonio. En ese aspecto nos dimos cuenta de que no había personas que estuvieran entregando el conocimiento de reparar este patrimonio, cuyo principal efecto es la demolición en masa de las casas de este sistema constructivo. Las demuelen principalmente porque no saben cómo repararlas”.

Ese mismo año se adjudicaron un Fondart de Formación para hacer un taller certificado: “Talleres de gestión patrimonial y sistema constructivo tradicional quincha”, estructurado en cinco módulos: gestión del patrimonio, sistemas constructivos tradicionales (la quincha es la técnica de hacer muros en base a cañas o arbustos, que en Atacama son la brea y el churque, recubiertos de barro), revestimiento y ornamentación. Entre los profesores estuvieron José Osorio (presidente de la Asociación de Barrios y Zonas Patrimoniales y director de la Escuela de Artes y Oficios Fermín Vivaceta de Santiago), Agnes Dransfeld (arquiteca), y Francisco Díaz, uno de los pocos maestros en sistema constructivo tradicional (participó en la restauración de la Catedral de Santiago), y quien es ahora parte de la Escuela.

El logo es de Mila González, y muestra un lápiz, un martillo minero, los cerros y el valle.

Esta convocatoria fue abierta: llegaron 55 personas entre los 15 y 68 años. Se certificaron 30. Pero la convocatoria fue intencionada a alumnos de la carrera de edificación del Liceo José Antonio Carvajal y en la marcha se sumó un grupo del Liceo Tecnológico de Copiapó.

Tú ya trabajabas con el Liceo José Antonio Carvajal. ¿Por qué con ellos de nuevo?
“El Liceo, por lo menos en la comuna, tiene el índice más alto de vulnerabilidad. Estamos hablando de chicos que están formados exclusivamente para ser obreros, están súper estigmatizados. A ese liceo llega harto hijo de proletario a estudiar, ahí no van los ricos. Yo ahí tenía un trabajo relacionado con la historia del Liceo, que fue fundado en 1864, y la Fundación me estaba ayudando a parar el archivo histórico. En el proceso, y por la buena relación que tuvimos con el director, le planteamos la posibilidad de educar a los niños en el sistema constructivo y al director le encantó la idea, entonces hicimos un compromiso de que si se lograba el financiamiento, ellos iban a ser los primeros en ser invitados y así fue. En el proceso los mismos niños sugirieron que por qué este taller no era incorporado en sus horas de práctica. Por supuesto que el director accedió a dar un máximo de 144 horas de taller para sus de prácticas profesionales. Ahí la cuestión se nos disparó porque de ser un simple proyecto Fondart pasamos a ser la única escuela-taller que funciona con esa modalidad. Que es colaborar directamente con una necesidad que tienen los niños, que es poder completar su grado técnico en nivel medio. En Fermín Vivaceta ellos llevan un proceso avanzado pero no de esa manera, sino que lo hacen a través de Sence. La precariedad de nuestra fundación no podemos hacer convenio Sence porque no tenemos oficina, no funcionamos en esa formalidad”.

Pero a pesar de esa precariedad ustedes están cumpliendo otra función en realidad, que no creo que sea envidiable a lo que hace Sence.
“Claro, porque los cursos que se hacen en Santiago tienen financiamiento Sence, son dirigidos a personas mayores de edad. Bueno, ellos ahora están funcionando principalmente con inmigrantes, que igual es bacán. Ahora salió estos últimos cursos súper motivados, hicieron una cooperativa de albañiles patrimoniales. Nosotros esperamos con los niños replicar eso y poder transformarlo, si ellos quieren, en algún tipo de cooperativa. Nuestro proyecto es que los niños lleven este plus de ser técnico en edificación, pero además que tengan este conocimiento patrimonial que si ellos lo llevan a nivel de emprendimientos personal les puedan generar otro tipo de empleabilidad que puede ser mucho mejor que ser un simple jornal en una constru”.

Me imagino que para ellos es también otro tipo de experiencia, entre hacerlo en una empresa normal o hacerlo con ustedes que son una fundación sin fines de lucro.
“Claro, por ejemplo, en la rehabilitación de la casa taller -que fue el espacio que se nos cedió en Las Heras 72- ellos pudieron ver que en la rehabilitación de una casa hay toda una familia que se ve beneficiada a nivel de su dignidad. Ellos se dan cuenta de que dignificaron un espacio habitacional, un territorio donde vive gente igual que ellos, ven en esto la posibilidad de darle una nueva mirada a su ciudad, a sus espacios, al contacto con los vecinos. El alma que tiene la tierra los va nutriendo de otras experiencias que yo creo que aun cuando ellos en el futuro se dediquen a otras cosas, eso ya despertó en ellos y no se va a apagar nunca”.

Estudiante

¿Ricardo y tú tienen conocimiento previo en esto?
“Los dos somos universitarios, pero tratamos de ser conscientes. Yo fui dirigente estudiantil y desde mi profesión siempre he criticado el monumentalismo que hay, el exceso de apego a grandes próceres que tenían otra realidad. Si el Pedro León Gallo no hubiese tenido la riqueza que tenía, nunca se le hubiese ocurrido defender esa riqueza haciendo una revolución constituyente. Otro gallo cantaría si al loco le hubiera tocado levantarse y meterse y sacar las piedras a pulso de un hoyo”.

O sea que para ustedes también ha sido aprender.
“Vamos aprendiendo con los niños. Por eso te digo, es pura labor de mano y poner en práctica conocimiento ideológico. Entendemos que las palabras no son nada sin la acción. […] Los chicos tienen la camiseta bien puesta por la Escuela y quieren colaborar en la medida de sus posibilidades y hay muchas personas que nos están colaborando, si alguien tiene movilización la presta…”

Para el segundo semestre esperan seguir con un proceso de nuevas prácticas con los quince secundarios certificados en dos locales comerciales que se ofrecieron para tales fines, y así cerrar todo el proceso: “Eso sería que ellos puedan terminar el ciclo formativo con sus propios emprendimientos, o acompañarlos si quieren llegar a la universidad”, explica Mabel.

Actualmente la Escuela tiene un nuevo voluntariado en desarrollo. Siete participantes ya están certificados, y cuatro de ellos son estudiantes de los liceos.

Me contabas que están tomando las decisiones de manera consensuada.
“Sí, esa es la idea. Por ejemplo, la reunión de ayer [para coordinar el nuevo voluntariado] fue desgastante porque fue darles cuenta de todas las gestiones que se han hecho y las proyecciones que se tienen, entonces ellos también pueden opinar al respecto y de esa opinión surgen ideas, se pueden modificar cosas que ellos encuentran que son modificables y la idea es construir un camino, un proyecto, del que se puedan sentir parte. [En general] las cosas que van a ellos son meramente funcionales a quienes las realizan, son números. Ya bajar, como le llaman ellos, este es otro Copiapó. La mayoría de ellos ni siquiera había venido a La Alameda”.

Cada desafío que Mabel se inventa tiene sentido y razón: “Esta es la trinchera desde la cual podemos generar la sociedad de cambio. Yo creo que éstas son las personas que un futuro deberían estar opinando sobre sus planes reguladores, ser partícipes de todas las decisiones sobre la ciudad y ellos van a tener el conocimiento para opinar, para defender lo que queda, rebatir a una Cámara Chilena de la Construcción, que va a querer que la ciudad “se modernice” y va a querer poner edificios en los barrios, perjudicando la calidad de vida de sus vecinos. Y ellos van a poder estar ahí, parar la caña a todos esos procesos que se vienen. Esta es la manera más efectiva de la cual podemos contribuirle a la idea. Igual yo entiendo que estamos usando herramientas del Estado, el Estado en esa brecha que a nivel sociológico se nos enseña como válvulas de escape, ofrece para que la cuestión no colapse, que pueden ser todos estos fondos que existen, pero estamos tratando de darles un uso para la idea”.

Esto también tiene una cosa bien práctica del mundo actual, que es esta mentira que nos dijeron de que todos tienen que ser universitarios, y hoy en día se mira muy en menos todo lo que no sea universitario, el trabajo manual, pero resulta que nosotros profesionales somos incapaces de hacer nada, plantar una planta, arreglar una llave…
“Nosotros somos obreros calificados no más. El universitario no es nada más que eso”.

Terminar con esa falacia del universitario.
“Claro, el proceso que hubo con respecto de la profesionalización era muy positivo, muy necesario, pero se transformó en una falacia cuando a nivel de OCDE, de FMI, empezaron a exigirle a los países subdesarrollados ciertos niveles para hacer los grandes préstamos e inversiones que se mueven a ese tipo de escala, a nivel de bonos soberanos. Por supuesto que se crea toda esta maquinaria, como dices tú, de primero tratar de superar los niveles de analfabetismo, luego con eso seguir con educación básica, se siguió con el tema de la obligatoriedad de la media, y ahora seguimos con el tema de la universidad, pero eso no va asociado a una calidad de vida, eso va asociado a los mismos niveles de precarización. Ahora estamos hablando de todas las reformas laborales van a ser precisamente para precarizar a los universitarios, porque somos masa”.

Ya no es un “grupo selecto”.
“Además. Se nos enseñó que éramos mejores. No servimos ni siquiera pa salir a enfrentarnos al opresor porque no nos sentimos pobres, nos sentimos clase media. ¡Qué mentira más grande! Entonces el proceso de profesionalización también va con un proceso de desclasamiento que ahora está súper profundo. Entonces, qué hay que hacer. Volver al oficio, volver a la clase, abrazar la clase, sentir la clase, no mirarnos en menos por ser pobres y construir desde ahí. Lo que tenemos que construir son nuestros barrios. Tenemos que hacer trincheras. En donde tengamos huertas, podamos conocer al vecino del frente, podamos hablarnos, pensar qué le está pasando, cuáles son sus problemas, porque es la única manera que vamos a detener un poco esta brutalidad que nos impone esta crisis que tiene el sistema neoliberal, y cómo este sistema está enfrentando esa crisis. Que es brutal. Porque el sistema sabe que está en crisis, pero lo asume como aquel individuo que al saberse en crisis se pone peor”.

Aprovechar ese pánico, tomando cualquier decisión estúpida que siga beneficiando al sistema.
“O sea, todos los procesos que estamos viviendo -a mí me da mucha pena hablar de esto- a nivel de sociedad, principalmente para ratificar, y bueno ahora para consolidar, la nueva venida de los fascismos. El fascismo se está viendo como la gran alternativa de salvación. No sé po, salgan a las calles, repriman a todos, porque así se acaba la delincuencia. Si son los mismos pacos los que le están vendiendo armas a la gente en la pobla para que los cabros que están todo el tiempo bombardeados por un arribismo, por creer que para ser mejores necesitan cosas a las cuales no tienen acceso, les generan esa necesidad, bajan a asaltar a una persona que no saben que es de su misma clase. ¿Y el Estado qué hace? Los reprime. Es indignante que vecinos completamente precarizados reciban a José Antonio Kast y se sienten a comer tortita con una persona que no les va a dar nada. Dan ganas de… no sé, a esos vecinos, ni siquiera les podis reprochar, porque están completamente en un desconocimiento […] Todos creen que es una casualidad, que es un error, que ayer hayan anunciado el retorno de la CNI. Eso no es casual, eso lo hicieron para ver si podían chantarnos el gol. Se dieron cuenta que no y le cambiaron el nombre, pero tenían que probar. Entonces estamos en profundas contradicciones que por supuesto no vamos a solucionar desde una escuela que opera prácticamente… somos dos, tratando de parar esta cuestión”.

El contexto de los estudiantes en que se están enfocando es un escenario constante de robos en los mismos establecimientos educacionales. Sobre la postura de los estudiantes, Mabel acota: “Ellos mismos rechazan eso, pero son niños. Cómo los ayudamos a cambiar eso. Ellos se dan cuenta, hacen la crítica que se metan a sus talleres, les roben sus herramientas, les paren sus horas de clases, porque quieren aprender. Ellos se manejan a nivel de códigos de sus propios territorios, no pueden delatar, pero tampoco saben cómo enfrentarse a esta situación. Ellos mismos rechazan a los domésticos, y ellos no quieren ser así. Y los que no quieren ser así son más. Y el que es así estoy convencida de que tiene un problema de cómo manejar estas necesidades que surgen de la publicidad, de lo que se considera calidad de vida. No saben que hay otra calidad de vida que tiene que ver con construir espacios de calidad en tu población”.

Una vida tranquila.
“Es la tranquilidad que te puede dar ganar lo justo y prescindir de todo esto que al final es súper banal. Yo creo que lo vamos a lograr. Sé que los procesos decaen, decantan, y a veces terminan o se transforman, así que ahí estoy a la espera de ver qué pasa con la escuela-taller. Yo creo que si tiene que morir, va a tener que ser para que los oficios estén en el aula”.

Luisa Orellana fue la primera directora de La escuela de artes y oficios Nº8 de Copiapó (1918), que era principalmente para la enseñanza técnica femenina. Tenía directora y profesoras.

 

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