Sammy Valdés Julio; tarotista: “Cada vez nos alejamos más del instinto”

Sammy Valdés Julio es psicólogo y periodista de profesión (también pasó 3 años en la escuela de cine), pero lo que le ha dado fama ha sido su rol de tarotista, o como él mismo dice “de bruja”. Y es porque en él confluyen distintas cosas. Co-fundó el Colectivo Atacama Intersexual, con la finalidad de generar espacios y eventos que posibiliten el debate y la discusión frente a la temática de las identidades sexuales.

En Copiapó realizó el primer Coloquio Intersexual en el marco de la celebración del día Contra la Homofobia y Transfobia, con el fin de derribar ciertos estigmas tras el género y dar espacio al tema en la ciudad. A continuación conocemos un poco más de su vida y visión sobre la sociedad en su singular punto de vista. 

Por RocÍo Olmos de Aguilera / Foto destacada: Valentina Campos

Fotografía: El Virgo.
Con energía y gran locuacidad, nos cuenta sobre los episodios vividos antes de transformarse en el “tarotista deslenguado” que sale en la tele. Varias crisis existenciales pasaron entre tanto, y otras vacilaciones profesionales que lo llevaron por muchos caminos inesperados en su metamorfosis. Oriundo de Copiapó, Sammy sabe lo significa dejar la ciudad de origen con el fin de arriesgarlo todo por cumplir sus sueños.

Aprendió a leer el tarot a los 11 años por unas revistas de cosas paranormales que llegaban a la casa de su abuela, sin que su familia se enterara ya que era mal visto desde su visión católica. Quedó inserto en un mundo lleno de imposiciones. Cuando estudiaba Periodismo en Antofagasta solían ir a la playa con sus amigos, y como no tenían dinero, entraban al supermercado a echarse bronceador y salían corriendo. Lo hicieron tantas veces que los pillaron. Derrotados se fueron a la playa sin plata ni bronceador, y allí un amigo le hizo una sugerencia que le cambió la vida: poner un cartel escrito con “se lee el tarot”.

¿Qué te llamó a estudiar periodismo?

El año 98 entré a la universidad pero estaba súper perdido la verdad, no fui condicionado para saber qué quería hacer. Puede sonar súper resentido social pero la gente que tiene mejores condiciones económicas está más preparado para poder afrontar profesiones. A uno lo crían para trabajar. Entonces mi familia siempre quiso que yo estudiara porque soy el primero que entró a la universidad y por ende tuve que cargar con un peso horroroso. A veces pensaba “pa qué estudié esta cagá si no es lo que yo quiero” y más encima veía compañeros que tenían como el síndrome Luisa Lane, que soñaban con ser el mejor periodista del mundo y a mi eso no me interesó nunca.

¿Cómo era esa época?

Años después me vino la crisis existencial del tipo “¿para qué estudié periodismo? Yo no debería ser periodista” y me sentía asquerosamente fracasado.  Me hice 5 mil terapias y hacía pocas lecturas de tarot. Después me vine a buscar pega de periodista a Santiago pero nunca lo logré, terminé trabajando en puros call center rodeado de simios, traumado, sintiéndome pésimo. Recuerdo que un día encontré un local que carteras y empecé a venderlas. Yo siempre he tenido buen gusto, así que puse una página que se llamaba “Carteras S.O.S.” y me fue re bien, me hacía un sueldo con eso. Con esto de las carteras me di cuenta de que podía vender cosas y tener ingresos generados por mí, sin que necesariamente tuviera que revalidar el tema del periodismo.

Sammy empezó su carrera como tarotista en medios de comunicación en la Radio Festiva de Copiapó. Fotografía: El Virgo.

¿Y luego qué pasó?

Luego tuve otra crisis muy fuerte y volví a vivir a Copiapó el 2010. Estaba atrapadísimo, porque me ofrecían pega de periodista en el diario, pagando una miseria que ni se comparaba con lo que yo ganaba vendiendo carteras. Luego puse una tienda de ropa en Copiapó y un día entra una señora y me dice: “usted me leyó el tarot hace como 10 años atrás! Y se cumplió todo lo que usted me dijo” y yo quedé así como “bueno será poh, no me acuerdo”. El cuento es que seguidito de ella vino otra, y luego otra, y de a poco mi tienda ya no vendía ropa porque estaba lleno de señoras a las que le leía el tarot. Y yo decía ¿Qué onda?  El destino está mostrándome otros caminos que yo ni siquiera había contemplado.

¿Cuál fue un momento clave que te hizo decidir por el tarot?

Un día iba pasando fuera de la radio Festiva en Copiapó y barsamente me metí.  Me encontré con la Señora Nora Godoy y le dije que quería leer el tarot en la radio y me dijo “¿Pero lo has hecho antes?” y le dije “No, pero siempre hay una primera vez para todo” y me dijo “Ya, ven el sábado a las 10 am” y fui. Ahí inventé mi frase: “LLame ahora, llame ya, pregunte por todo: amor, dinero, fin del mundo, infidelidades, todo eso y más, bajo su propia responsabilidad”. Estuve media hora en el programa y el teléfono se colapsó. En ese instante dije a la chucha con el periodismo, y puse una consulta de tarotista  y empecé a ganar el doble que si trabajara de periodista. Pasé de una radio a otra, me hicieron una nota, después me llevaron a la tele en Antofagasta y al final di el salto a Santiago.

¿En qué momento decidiste irte por la psicología?

En el intertanto asumí que mi sueño era ser psicólogo y volví a Copiapó y me metí a estudiar. Al terminar la carrera, mezclé todo. Por eso ocupo mucho el término de bruja. De partida porque es una cosa andrógina. La gente a veces se pregunta “por qué este weón pelúo dice que es bruja?” y es por lo mismo, porque la gente tiende a asociar el término bruja con algo muy malo que te hace daño y yo hasta cierto punto también te hago daño, porque hago terapia de shock. Psicológicamente sigo una escuela gestáltica. Llamo a mis pacientes así: pacientes y todo lo que yo hago es una asociación psicológica, donde mezclo todo el monstruo que hay  dentro de mí.

Iniciaste el primer coloquio intersexual, Atacama Intersex, en el día contra la homofobia y transfobia en el norte, cuéntame un poco de eso.

Portada de #SoyPuto de Josecarlo Henríquez.

Se dio porque yo hice mi tesis sobre el comercio sexual en Copiapó y tenía que ver mucho con el contacto con las chiquillas de allá. Hablamos de estas híper mujeres, que no necesariamente son como tú, biológicamente mujeres, sino que ellas decían que querían ser una mujer con pene. Esto nació de una inquietud que teníamos junto a Carlos Montaña y Mabe Tapia, que tenía que ver con netamente exponer mi tesis y en la Universidad de Atacama. A esa exposición fueron más de doscientas personas para hablar de biopolítica en Copiapó y eso fue un evento rarísimo, todos quedaron negros, fue super rupturista. Además invité a mi amigo José Carlo Henríquez para que expusiera su libro #SOYPUTO.

¿Qué te motivó a realizar esa ponencia?

Quería exponer porque en la actualidad estamos en una era donde se está promulgando la igualdad de derechos respecto de lo que tu haces o no con tu cuerpo, pero yo tengo una visión mucho más pesimista de la realidad; todo me parece una tendencia pop que tiene que ver con lo que está de moda. Las políticas públicas no están direccionadas a que las mujeres trans tengan los mismos derechos constitucionales, sino que están destinadas a hacer ruido. En su momento quise hacer esto en Copiapó por el hecho de que era considerado un hombre más allá del límite, de porque tengo un cuerpo muy peludo y la gente siempre me ha exigido un comportamiento masculino que no tengo.

¿Qué fue lo que más valoras de esa actividad?

A mí me parecía súper potente todo el discurso trans de decir: “Yo no quiero ser una mujer, quiero ser una mujer con pene”. Lo encuentro muy válido porque el género es un invento. ¿Qué pasa si yo me puedo meter con un hombre que tiene vagina y lo hago porque es bello?, es maravilloso y lo puedo hacer porque el cuerpo es mío. Entonces lo puedo traducir en el simple hecho de que yo a veces me pinto las uñas, y mucha gente me dice “y por qué se pinta las uñas?” y yo le digo que porque las uñas son mías. Yo creo que las uñas no son de hombre o de mujer, ¡todos tienen uñas! Hasta mi gata. Entonces hay todo un discurso político al decir yo puedo hacer lo que quiera con mi cuerpo porque el cuerpo es mío.

¿Cómo ha sido tu experiencia con el tema de la identidad sexual?

Hasta cierto punto me siento un poco trans, cosa que puede sonar súper de moda y cliché, pero yo vengo con esta teleserie hace 39 años. El otro día hablaba con un cabrito que me decía “oye ahora yo soy drag”, y yo le dije “oye qué novedoso”. Yo le decía que porque estoy vieja y amargá, porque he cargado con un estigma durante años, soportando que los hombres me digan “eres demasiado femenino”. Recuerdo que una vez en Buenos Aires tuve un affair con un hombre trans, y era un hombre con vagina. Ahí me vino el cuestionamiento de que si era realmente homosexual o si me forzaron tanto a que lo tenía que ser, que termine siéndolo. Quizás yo era nada más que un pendejo súper raro que no tenía contención. Mis papás no entendían que era demasiado sensible y la sociedad en los ochenta no paraba de  gritarme “maraco, maricón, hueco” , tanto me lo repitieron que se me grabó en el chip que terminé siéndolo porque no me dieron la opción de elegir, porque te lo repiten mil veces y  al final asumes ese rol.

¿Qué crees que va a pasar algo con todo este fenómeno de rebelión sexual que se está viviendo hoy?

El otro día estaba en la radio y me decían vamos porque hay una revolución que va a llegar a tal nivel, y yo dije ¿aquí nadie ha leído ¿Las Tres Olas de Toffler?, porque todo movimiento a nivel mundial conlleva una era de expansión, una de represión y una de tranquilidad. Ahora estamos en la expansión, imagina tú cuál viene luego… o sea así funciona, luego de una gran explosión, donde las mujeres son las que han salido a la calle, porque las mujeres son las que salen a la calle y las que provocan los cambios sociales, no los hombres. Entonces yo siento que estamos en un punto peak de la libertad, pero lo que viene luego es la represión.

¿Has preguntado al tarot sobre toda esta movilización social?

Bueno yo predije el año pasado el movimiento de las mujeres, en un programa que se llama Somos un Plato. Eso está ocurriendo, pero del dicho al hecho, hay que ver qué va a pasar. Estamos en un país que está súper amarrado por todos lados. En ese sentido yo aplaudo que las mujeres salen a la calle a marchar. Por primera vez en mi vida yo salí a marchar porque me carga, pero esta vez lo ameritaba. No me gusta hablar del tema, pero necesito mencionarlo, desde el punto de vista profesional. Siento que la gente de mi edad estamos todos descastados y no tenemos casta, por los procesos políticos de Chile. Onda yo crecí en la dictadura con un gobierno militar, y todavía quedan muchos vestigios de eso. Yo veo a mi sobrina de cinco años y pienso: “ella va a vivir en un mundo mejor, yo no”.

¿A qué te refieres con descastados?

La gente de mi edad no salen a marchar y es porque no tenemos un sentido de nación, nadie dice: “vamos a derrocarlo”, no porque eso nos fue expropiado, porque vivimos pensando en otros países. Para mí nosotros somos una colonia gringa, no somos más. El otro día todos se reían, porque para mí no es azaroso que la película de la Dany Vega se haya ganado el Oscar, porque alguien vio “Ah en Chile están estos movimientos sociales, qué hacemos?” y alguien dijo “Ah! Tírale un Oscar para allá pa que se distraigan un rato”. Así funciona no es nada gratuito. Nada es fortuito, pueden decir que soy pesimista, porque así vivo mucho más feliz, pero no dejo de ver las cosas y la realidad.

Cambiando de tema, en Tierra Amarilla hay un festival que se llama el Toro Pullay y allí existe una comparsa de vecinos vestidos de mujeres. ¿Cómo lo ves  eso, teniendo en cuenta que el norte es una zona medio machista y conservadora?

No son tan así, que sean machistas homofóbicos, te lo digo porque es un tema que se trató en mi tesis, que existe ese estigma de rechazo a los homosexuales cuando en realidad son todos un poquito maricones, podríamos decir que les encanta el mariconeo (Risas).

Murga Toro Pullay, foto extraída de www.AtacamaNoticias.cl

¿Y por qué se muestran así?

Yo no creo que sean tan conservadores, yo creo que tiene que ver con que son personas agrias. El chileno es agrio en general, no el copiapino. Yo amo Copiapó, a mi gente copiapina y me considero muy agrio, por eso mismo caí en esta ciudad. No creo que se trate de machismo, sino que el mundo donde se desenvuelven estas personas es sumamente heteronormado. No tiene que ver tanto con Tierra Amarilla, porque el Festival del Toro Pullay se celebra hace más de cien años, o sea hay libros históricos que hablan de eso y era para evitar el tema de la challa. Originalmente se hacía un festival callejero en Copiapó donde la gente salía a la calle a mojarse, la fiesta de la challa. Eran tal los niveles de prostitución y borrachera, que había que finalmente lo centralizaron en una sola fecha. Fue para evitar el gran escándalo que se daba porque habían violaciones, muertos, sexo en las calles, todos vueltos locos, curados porque era una zona minera.

Hace un tiempo un diputado de RD, Renato Garín, dijo  “gente piensa que el tarot adivina el futuro y no es así, solo presenta su conciencia, es un camino” . Por sus declaraciones, le hicieron bulliyng en twitter. ¿Qué opinas de eso?

Encuentro imbécil lo que pasó. (Risas) Yo tengo una pésima relación con Twitter, nunca lo había pescado hasta que un día después de ir a Mentiras Verdaderas mi manager me lo mostró y cuando lo leí entré en depresión, porque me dijeron desde que tenían que sacarme la licencia de psicólogo hasta que era un maricón de mierda, etc. De partida, Twitter es una plataforma que no me interesa porque es de los cobardes. Encuentro razón a Garín, porque el tarot es una herramienta, una guía que no necesariamente es predictivo. El tarot como toda profesión u oficio que tenga que ver con el instinto, que no tenga que ver con una línea argumental en que alguien te valide, va a ser puesto en entredicho siempre, ¿por qué? Porque cada vez nos alejamos como sociedad del instinto. A mí me insultaron caleta porque decían “¡cómo un tarotista dice que va a ganar Piñera!” y ganó Piñera. Y lo dijo un tarotista, y había muchos tarotistas que decían que no. A lo que voy es que la gente le tiende a bajar el instinto a las cosas, además la gente quiere siempre atacar el otro. Mientras tú más libres seas, la gente más te ataca porque te van a decir “y por qué él puede y yo no?” Y si el otro weón es un traumado de mierda, va a querer que tú también lo seas. Porque la libertad de uno le molesta al otro.

Fotografía: Valentina Campos.

 

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