El día en que un grupo de prófugos de Juan Fernández llegó a Copiapó para saquearlo

Es un episodio poco conocido de la historia de Copiapó, pero que tiene algunos de los elementos más extraordinarios para una gran historia de acción y violencia. Ocurrió en enero de 1832, cuando un grupo de prófugos de la cárcel de Juan Fernández llegó hasta Atacama en un barco robado, causando el pánico en la población local.  

La historia que fue rescatada por Roberto Hernández es contada por Oslvado Angel en el texto “Apuntes para la biografía de una Madre”, que narra el contexto de la Atacama llena de bandoleros y sin ley que se vivió en los años donde Rosario Orrego residió en Copiapó. Allí se cuentan los siguientes hechos ocurridos en la primera mitad del siglo XIX.

Eran los primeros años de la República, el centro penal de la Isla Juan Fernández siguió funcionando, con la misma lógica que los españoles le habían impregnado como un “alcatraz” chileno. Hasta allí llegaban condenados de toda índole, desde asesinos hasta presos políticos.

Un verdadero infierno de aislacionismo, donde un grupo de presos se organizaron, fulminaron a los guardias de la isla y se lograron apoderar de un barco ballenero que llegó hasta el muelle de Juan Fernández. En total eran 104 personas las que se amotinaron en el barco y emprendieron rumbo al continente. 

Los prófugos escaparon de Juan Fernández en un barco ballenero.

Entre ellos había más de 10 soldados del Batallón Valdivia, quienes eran veteranos combatientes y tenían experiencia militar de sobra. Los prófugos se habían hecho de fusiles y condujeron el bergantín ballenero hacia Atacama, llegando hasta Puerto Copiapó (hoy Puerto Viejo) el 13 de enero de 1832.  Un grupo de ellos decidió seguir buscando vida hacia el norte y otro se bajó en la costa atacameña, la puerta de entrada al Chile minero del desierto ¿Cuántos decidieron quedarse? Más de noventa.

Una vez que se supo de este arribo a la costa se prendieron todas las alarmas entre la población en Copiapó. El pánico cruzó a toda la comunidad y ante la “ferocidad” con que imaginaban a los presos, un grupo de la población decidió arrancar, dejando tras de sí reses y pailas con comida en la plaza pública, a fin de aminorar la violencia con que podría desarrollarse el saqueo. Este grupo era liderado por el alcalde de la ciudad, quien junto a otros vecinos se quedaron en el centro esperando a los forajidos con una actitud más bien pacífica.

Pero otro sector de los copiapinos decidió armarse y defenderse por la fuerza. Esto marcó el episodio, que rápidamente se resolvió llegando a su fin. Roberto Hernández relata: “una columna de defensores que se organizó bajo las órdenes de don Juan Agustín Fontanés y otra bajo el mando de don Ramón Ignacio de Goyenechea, no pudieron contrarrestar la acción de los desalmados. El mayor número de estos y su mejor armamento  dieron a los atacantes un fácil triunfo que costó a los defensores de la propiedad la pérdida de diez hombres. Algunos vecinos de los más respetables fueron asesinados”.

Copiapó a principios de la época republicana.

2 comentarios

  1. Este hecho implico una revolución Popular, la población pobre y excluída se alzo junto a los fugados y atacaron a la burguesía local que profitaba de la riqueza y de la explotación de los no ciudadanos. Despojados de todo tipo de derechos ( solo votaban los curas, los que tuviesen un ingenio, los que tuviesen mas de una propiedad, los oficiales y los letrados). Los pobres manoseados por los ricos, sufrieron el despojo de sus bienes, alertados de la situación el Gobernador de la provincia envió contingente desde Coquimbo, que no pudieron sofocar, finalmente fuerza llegadas por el mismo puerto, lograron derrotar a los insurrectos, fueron perseguidos hasta Argentina, allá alertado el gobierno Argentino finalmente los derrota, quedando en el olvido una pagina más de las explosiones sociales populares. La noticias eran tan complicadas que en un principio se hablo que los insurrectos de juan Fernandez había abordado una Goleta de Diego Portales.

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