«El amor en nombre de Dios», la transfobia institucional en Copiapó

El suicidio de un joven trans reveló la violencia que se debe vivir en colegios con modos rígidos de percibir a las personas. Un maltrato institucional, que permea hacia toda la comunidad escolar y que en este caso tuvo el peor final. En la siguiente columna se analiza esta situación y la realidad que vivió José Matías en una institución católica… «quienes aman en disidencia están condenados al dolor y la marginación social», nos dice la columnista Constanza Ossandon.  

 Por Constanza Ossandon

José Matías tenía 15 años cuando decide acabar con su vida el día 23 de mayo del año 2019, qué lo llevo a tomar esa decisión es una de las intrigas que aparece posterior a su deceso, sin embargo para quienes estudiaron en el Liceo Sagrado Corazón, las causales son claras, el hostigamiento y persecución a quienes son disidentes sexuales no ha cesado, quienes aman en disidencia están condenados al dolor y la marginación social dentro de las dependencias de las hermanas esclavas de Jesús.

El acoso escolar de sus pares aunado a una comunidad educativa homofóbica, que a través de la palabra de Dios ha promovido la discriminación y la estigmatización de su persona considerada un atentado a la heteronormatividad, donde según deja ver en su manual de convivencia escolar, se busca perpetuar los roles impuestos para hombres y mujeres en la sociedad, a través de la imposición de la femineidad regulando cortes de cabellos, largos de falda, entre otros.

Cuando revisamos el manual de convivencia escolar de dicho establecimiento educacional, podemos visualizar como distribuyen las funciones de cada actor que compone la comunidad educativa, evidenciando una nula perspectiva de género respecto a la disidencia sexual y destacando el amor, respeto y la reparación como parte de la paz, sin embargo ninguna. José Matías no logró evidenciar lo anterior en su paso por el establecimiento educacional.

 ¿Cuando hablamos de reparación hablamos de terapia de conversión?

Quienes aportaron a esta columna con su relato, transmiten en cada una de sus palabras el dolor que causó el hostigamiento por amar fuera de la heteronormativad,  puesto que desde la infancia temprana les educaron para amar de “manera correcta” y a no “contaminarse” con los comportamientos de quienes fueran a los ojos de Dios distintas, ejerciendo persecuciones constantes por parte del equipo docente y paradocente, instando incluso a alumnas a marginar a quienes no proyectan la imagen deseada desde los valores católicos, no solo en la disidencia sino también en las clases sociales que coexisten en dichas dependencias, con la finalidad de que puedan abandonar el establecimiento y no arruinar la imagen de su proyecto educativo.

Después de oír y ver el daño en quienes relatan, no puedo no imaginarme el dolor que sentía José Matías cada vez que entraba a su sala o estaba ahí. Me queda claro como esto favoreció su temprana partida, pero por supuesto, surgen otras dudas.

 ¿Cómo vive una persona transgénero dentro de una comunidad educativa católica?

Es cierto, son los padres son quienes eligen donde educar a sus hijos y puede hacernos ruido que una persona disidente sexual se encuentre inserta en una comunidad educativa eclesiástica, sin embargo, ¿no apunta a eso la inclusión?  ¿No debemos acaso respetar y amar al otro como señala en reiteradas ocasiones el manual de convivencia escolar del liceo sagrado corazón, independiente de su identidad de género y orientación sexual?

Porque ha sido tan condenado el amor a los ojos de Dios, porque hemos utilizado la fe para disfrazar la homofobia y  porque hoy lamentamos la muerte de un joven que tenía tanto que decir. Que su muerte no sea en vano y que nos permita a todes reflexionar respecto de la importancia de educarnos como sociedad en bajo el respeto y el amor por un otro por sobre nuestros prejuicios.

Como sociedad, no podemos permitir que se disfrace en la fé y el educar bajo la mirada de Dios, la homofobia, la transfobia y el daño asociado a las dinámicas de maltrato que se perpetúan hoy en día en las comunidades educativas.

La muerte de Matías, nos duele en el alma, porque todos somos responsables, todos hemos concebido esa realidad trans como lejana, ¿Hubiese sido distinto en otro establecimiento educacional lo que ocurrió con Matías? ¿Se encuentran capacitados los docentes y paradocentes para trabajar con jóvenes trans?, ¿Podemos esperar un respeto por la identidad de género cuando la Seremi de educación en Copiapó se refiere a Matías como ella, vulnerando su derecho a la identidad?.

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Si eres trans y pasas por episodios de violencia similares, temes comunicarlo a tu familia o necesitas apoyo existe la ONG todo mejora que te puede ayudar a manejar la situación:


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