La errada teoría «Soléctrica» que intentó explicar el terremoto de Vallenar en 1922 con energías solares

A principios del siglo XX, un británico se empecinó en anunciar las influencias del sol sobre el territorio chileno anunciando terremotos. Su teoría no tenía pruebas suficientes para mostrar alguna relación entre nuestra estrella y los movimientos telúricos, pero fue parte del esfuerzo por tratar de entender qué produjo el devastador terremoto de 1922 en Atacama.

Por Miguel Cáceres, geólogo y escritor.

Días antes del terremoto de agosto 1906 en Valparaíso, un anuncio pronosticándolo fue publicado en El Mercurio de esa ciudad. Esta predicción fue realizada por el Capitán de corbeta Arturo Middleton Cruz basado en el principio “soléctrico” desarrollado por el británico Alfred Jopling Cooper. El aparente acierto, que no fue tal, hizo que este periódico continuase divulgando cartas de Cooper anunciando fenómenos naturales, entre ellos, los terremotos de Atacama de 1918 y 1922.

La “teoría soléctrica” establecida por Cooper, se define como el poder que ejerce el sol en cada elemento del sistema solar, una energía combinada que emana desde aquel astro incluyendo luz, calor, acción química, gravedad, electricidad y magnetismo. Según este autor, los cuerpos celestes están continuamente afectando nuestras vidas, siendo la causa de casi todos los fenómenos naturales como el clima, tormentas, erupciones volcánicas y terremotos.

Para el terremoto del 4 de diciembre de 1918, Cooper mencionó que un eclipse sería visible en Chile el día anterior y que los cuerpos celestes se posicionarían de tal manera que producirían una combinación soléctrica de gran poder, generando tormentas, temblores y/o volcanismo en la zona de Valparaíso. Nada de aquello ocurrió en esa región y por otro lado, el terremoto sucedió un día después y más de 500 km al norte.

Para el caso del cataclismo del 10 de noviembre de 1922, el mismo personaje clasificó este sismo como un “terremoto indirecto”, es decir, que la energía que lo provoca ha pasado a través de otros planetas en su viaje a la tierra, mencionando también que los cuerpos celestes moviéndose a distintas velocidades, sobre orbitas disímiles y a distancias también discordantes, actúan sobre un área de la tierra gatillando un terremoto.

Desde el principio de la humanidad esta ha observado su entorno y tratado de buscar explicaciones a los diversos fenómenos que logra presenciar. La humanidad ha tendido a relacionar el cielo y la tierra, otorgándole un origen celestial a los fenómenos naturales. Esto que podría sonar probable, científicamente no tiene sustento para el caso de los terremotos y múltiples son las publicaciones que demuestran esta inconexión y de paso, la imposibilidad de su predicción.

Terremoto de 1922 en Atacama.

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