¿En serio los medios de comunicación masivos tienen el descaro de hablar de “Fer”?

En la siguiente columna Constanza Ossandon nos da su punto de vista sobre la morbosa e insensible cobertura que los miedos de comunicación masivos (sobre todo nacionales) hicieron del caso de Fernanda Maciel. 

Por Constanza Ossandon

Fernanda tenía 21 años y 7 meses de embarazo cuando salió un día de su casa, sin tomar muchas pertenencias y desapareció. Nicole tenía 23 y su búsqueda empezó dos días después de la última vez que fue vista. Catalina desapareció en Copiapó, nuestra ciudad, el día domingo durante la madrugada con dirección a Paipote y aun no se logra dar con su paradero.

Mañana podría ser yo, podrías ser tú, o cualquiera de nosotras, al parecer es más normal de lo que esperamos.

Cuando pienso en la historia de Fernanda, no puedo no rememorar las incontables horas que los matinales de Chile transmitían en vivo su búsqueda, utilizando el morbo como principal estrategia de rating, lo que no es nada nuevo si pensamos en lo que hicieron con el caso de Nabila, donde apremia la falta de ética en razón de ganar audiencia, exponiendo nuestras vidas a través de la lente patriarcal, evidenciando lo más básico de esta sociedad machista, las mujeres como objeto de derecho, pero nunca como sujetas.

Es indignante el manejo mediático y el revuelo que se alza cada vez que la vida de nosotras está en riesgo o ha cesado, porque no se centra en lo importante, siempre se centra en quienes fuimos, como vivimos y que hicimos para merecer lo que nos ocurrió, porque ese es el mensaje implícito que se transmite con cada especulación de un panelista, vidente o quien sea que decida opinar de los hechos, sobre todo en televisión, aun cuando como feministas, hemos dado una lucha incesante en contra de la prensa que habla de crímenes pasionales y expone nuestras vidas como material de rating. Sin embargo no ha sido suficiente, ni lo será mientras no exista una conciencia social de la desigualdad en la que vivimos hoy en día las mujeres en Chile.

Hablamos de garantías constitucionales mínimas, que permitan erradicar la violencia machista implícita en todos nuestros sistemas, tanto judicial, comunicacional y del trato en la sociedad civil. Que nos permitan sentirnos seguras en las calles y tener respuestas en tiempos acotados de lo que ocurre con nosotras cuando desaparecemos.

Cuando pienso en Fernanda, sé que no es azaroso que se demoraran 1 año y 4 meses en encontrarla, que hasta la fecha se desconozca el paradero de Marina Cabrera, quien también desaparece en Copiapó en el mes de febrero, no es casual, que la familia de Catalina arme brigadas de búsqueda debido a la ineficiencia del sistema policial no es justo.

Debemos cuidarnos, debemos ser precavidas, porque si no nos cuidamos nosotras no nos cuida nadie.

Agradecemos remitir cualquier información que se tenga de las dos copiapinas desaparecidas, a la revista, al Facebook  de la coordinadora feminista Atacama, o a carabineros, para aportar y apoyar a ambas familias que se encuentran pasando por momentos sumamente difíciles.

Ser mujer en Chile, lamentablemente es un desafío, hoy puedo salir de mi casa y no sé si efectivamente vuelva cuando lo pienso. 

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