¿Y desde cuándo hay migrantes en Atacama? Pues desde siempre

La ciudad de Copiapó desde el siglo XIX presenta varias oleadas de migrantes. Con origen en países latinoamericanos, europeos y asiáticos los inmigrantes se han asentado en diversas comunidades. Algunos de ellos, como los árabes incluso mantienen monumentos en algunos rincones. La gente necesita desplazarse y para quienes le tienen miedo o rechazo les invitamos a revisar la siguiente columna que invita a reflexionar sobre ¿qué tan nueva es la inmigración en Copiapó?

Por David Ortiz Zepeda

La marcha contra la inmigración tiene algunos dejos bastante absurdos al oponerse a la llegada de personas de otras latitudes. Gente que viene a buscar oportunidades y traen nuevas formas culturales que enriquecen la zona y que han estado aquí desde siempre . Basta con revisar la historia, los nombres de las calles, algunos monumentos y hasta los rasgos fisionómicos de los atacameños para darse cuenta de ello.

Si bien debemos poner en contexto que en la época en que se describen las referencias que se señalan a continuación Atacama era una zona fronteriza, es importante destacar que no podemos ver que Atacama fuera una  zona «pura» de solo copiapinos. Siempre que hay bonanza minera llegan personas de otros lados, familias enteras, chilenas o no.

Si nos vamos a la extensa era precolombina, tanto los Valles de Copiapó y del Huasco siempre fue un lugar de tránsito. Entre la zona andina y la zona de clima mediterráneo, los viajeros usaban las aguadas y valles atacameños para descansar, dándose una rica interacción cultural donde más de algún viajante se quedó por esta zona de buen clima.

Pero quiero extenderme en algunos aspectos históricos que salen de algunas lecturas, y que como en tantas otras ocasiones nos hacen pensar que lo que ocurría hace 150 años atrás no es tan distinto de la actualidad.

Ignacio Domeyko visitó Atacama en sus primeros viajes por Chile.

Para ello una cita: “Copiapó cuenta actualmente de diez mil a doce mil habitantes, siendo su población una mescolanza de todas partes del mundo. Franceses, alemanes y yanquis, inmigrantes de diversas partes de América española, sobre todo de los llamados cuyanos (de la antes llamada Provincia de Cuyo, o sea Mendoza, San Juan) forman esa población, cuya mitad apenas componen los chilenos, y aún estos, igual que los extranjeros, llegan aquí y se establecen buscando fortuna en las minas, sin vincularse con con el lugar”. Este texto citado data de Ignacio Domeyko en 1838. Incluso antes de que se descubriera Chañarcillo.

Otra cifra histórica es muy decidora, citaré el fragmento tal cual es presentado por Osvaldo Angel Godoi: “para la mitad del siglo XIX, en la Provincia de Valparaíso había solamente 3738 extranjeros, y en la de Santiago 2046. En la Provincia de Atacama había 9682 extranjeros, casi en su totalidad residentes en Copiapó. Era una torre de babel que incluso desorientaba al propio chileno”.

Idea que presenta en el contexto donde vivió Rosario Orrego, un momento histórico que para describir  complementa contándonos que: “Copiapó era un pueblo cosmopolita, y muy especialmente riojano, a donde concurrían ingleses, franceses, chilenos, alemanes, italianos, sin contar con los que llegaban de casi todas las repúblicas hermanas”.

Ahora revisemos lo que nos cuenta Jotabeche. Este fragmento aparece publicado por primera vez en la década de 1840 y donde se describe a la ciudad de Copiapó para el Mercurio de Valparaíso:

En la segunda mitad del siglo XIX comenzó una oleada migratoria asociada a Chañaracillo, donde llegaron muchísimos italianos y chinos. Los primeros fueron tan numerosos que incluso funcionó un consulado importante en Caldera. Uno de los motivos principales era el exceso de población en Italia, cuando ese país era uno de los más pobres de Europa. Así también los apellidos croatas, de muchas familias que huyeron de las guerras europeas en medio de la catástrofe humanitaria más terrible de ese continente en el siglo XX.

Desde China también arribaron muchas personas buscando oportunidades. Conocida es la colonia que se instaló en Inca de Oro, quienes arribaron el 1940 a la zona. Apellidos como Chang, Wong, Hip, Lam y Fong son parte de los descendientes. En otros puntos de Atacama también es común conocer personas con apellidos de ese país asiático.

Monumento donado por la comunidad libanesa.

La inmigración libanesa y árabe también fue significativa y el día de hoy los descendientes siguen organizados e incluso dejaron un legado importante con un monumento en la Alameda Manuel Antonio Matta y el Club Libanés.

No olvidemos que uno de los personajes más populares y queridos de Caldera y Copiapó, el franciscano Crisógono de la Sierra conocido como el Padre Negro, era colombiano. Podríamos decir que es el primer antecedente de un afrocolombiano querido y valorado en la comunidad, cuyo legado perdura hasta el día de hoy.

Por último, para llevar un poco más a la actualidad la realidad de los inmigrantes, un dato: el año pasado los datos del censo arrojaron que apenas el 3,0% de las 286.168 personas que viven en Atacama, son migrantes internacionales, cifra menor al 4,35% presentado a nivel país.

2 comentarios

  1. Me gustó el artículo.
    Dato adicional, el que un individuo emigre es un derecho inalienable al ser humano y es una practica desde lo origenes de la humanidad, cuando el ser humano era nómada, iba de un lugar a otro buscando mejores condiciones de vida.
    Gracias por su artículo.

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