El olvidado naturalista Ernesto Gigoux, uno de los más prominentes científicos de Atacama

Enrique Ernesto Gigoux Vega es uno de los personajes intelectuales mas interesantes que Atacama ha entregado al país, no obstante, en la región, su labor no es debidamente conocida a pesar de haber sido un prolífico científico con más de 70 artículos. Los siguientes párrafos entregan antecedentes de la vida y obra de este personaje, de manera de ensalzar su figura y situarlo como el último (¿único?) naturalista atacameño.

Por Miguel Cáceres, geólogo y escritor /título original del artículo: » Enrique Ernesto Gigoux, un naturalista de Atacama»

Su vida en Atacama

Nace en Copiapó un 18 de junio de 1863 producto del enlace entre M. Esteban Gigoux y María Vega Salcedo. Recibió su educación en varias instituciones: escuela Bruno Zavala, Colegio Católico de Atacama y en el Liceo de Hombres. Portador de un espíritu libre y rebelde, prefirió estudiar por su cuenta libros, tratados y textos de la época. Su natural curiosidad y su aguda capacidad de observación del entorno, lo llevaron a investigar el mundo de la entomología y botánica, pasando por la geología, la paleontología y la zoología.

Desde pequeño debió ganarse la vida, dedicándose brevemente a la fotografía, oficio que desempeñaba su padre. Luego, trabajó en Chañarcillo en actividades de inspección de minas y posteriormente se dedicó a la farmacia, negocio que mantendría mientras estuvo en Atacama. En Copiapó, contrajo matrimonio con Blanca Ofelia James, hija del ingeniero de minas escocés William James, relación de la cual nacerían tres hijos: Hugo, Zurla y Byron, este último, destacado periodista de El Mercurio y posterior director de Las Ultimas Noticias, además de pintor y escritor.

Tiempo después se radicaría en Caldera, instalando una botica en la esquina de calle Gana frente a la plaza. Dedicado a esos menesteres, nunca dejó su afición por las Ciencias Naturales y, estando en este puerto, comenzó a realizar excursiones por el litoral, siempre recolectando conchas y especímenes marinos. Los capitanes de naves que pasaban por Caldera le traían libros y piezas de otros mares, mientras que los pescadores, uno que otro pez raro que hallaban. Su afán por determinar los nombres lo lleva a ponerse en contacto con otros científicos y de a poco, comienza a inscribirse entre los escasos hombres que se dedicaban a la ciencia por ese entonces.

Entre 1885 y 1886 emprendió su mayor excursión: el desierto de Atacama. Salió desde Copiapó por el Camino del Inca hacia el norte, pasando por Pueblo Hundido (Diego de Almagro), luego por la quebrada de Asientos, Indio Muerto, Acerillos y quebrada Doña Inés, para finalizar a los pies del volcán Llullaillaco; en su trayecto recolectó plantas, fósiles, insectos o lo que le llamase la atención. Una expedición de más de 800 km y casi contemporáneas con las realizadas por Bertrand y San Román. Sus dotes literarios lo llevaron a escribir este viaje, logrando el segundo lugar en el Concurso Literario Swinglehurts, organizado por El Mercurio de Valparaíso en mayo de 1915 y posteriormente publicado en 1941 bajo el nombre de “Al Desierto”. No se detuvo allí, sino que en 1944 publicó “Algunos Recuerdos e Impresiones de Enrique Ernesto Gigoux”, pequeño libro que recoge escritos que según sus propias palabras, fueron realizados en sus “momentos de ociosidad y como recuerdo de tiempos ya lejanos”.

Portada de “Al Desierto”; en su interior se lee lo siguiente: “Para el segundo premio recomendamos el trabajo titulado “Al Desierto” por Henry de Caliax, porque raras veces se encuentra asociado al estilo severo del hombre de ciencia, la gracia del poeta y del ingenio amante de la naturaleza”. Julio Pérez Canto & G. Barrera, jurados.

Ya con un conocimiento mayor y habiendo estado en contacto con varios científicos de la época (Uhle, Philippi, Reiche, Sanborn, Osgood, entre otros), publica en 1898 su primer artículo científico en Revista Chilena de Historia Natural. Este sería el puntapié de una prolífica carrera científica que lo llevó a escribir más de 70 artículos científicos, repartidos entre aquella revista, así como en el Boletín del Museo de Historia Natural y la Revista Universitaria. Las temáticas de sus publicaciones son múltiples, aunque predominan aquellas relacionadas a la costa calderina, incluyendo biología, arqueología y hasta geología, aunque también tuvo acercamientos con elementos presentes en el valle de Copiapó. Se destacan sus artículos respecto a las aves marinas y moluscos costeros de Caldera, así como de accidentes geográficos litorales como las Tinajas (Zoológico de Piedra), Piedras Panteras (Granito Orbicular), quebrada El León, El Morro Copiapó, entre otros.

Durante su estancia en Copiapó y Caldera, comenzó de manera individual una especie de museo de Historia Natural regional, parte de la cual se mantiene en la casa museo Tornini, en Caldera. Además, mantuvo un acuario en este puerto donado por la Empresa del Ferrocarril de Caldera a Copiapó, el cual pobló de diferentes organismos marinos que le permitieron estudiar estos en su ambiente natural. Algunos de sus ejemplares.

Estante con ejemplares de aves disecadas que pertenecieron a Gigoux, hoy resguardadas en la casa museo Tornini en Caldera.

Su inquieta mente también lo llevó a explorar la política, desempeñándose como alcalde de la comuna de Caldera en tres oportunidades: 1913-1914, 1917-1918 y 1918-1921.

Hacia la capital

La recesión en la que entró Caldera luego del terremoto de 1922, del cual fue testigo privilegiado, lo llevan a trasladarse a Santiago en 1925. Para esa fecha, ya era reconocido en el círculo científico nacional por lo que logra a ser contratado en el Museo de Historia Natural, haciéndose cargo de la Sección de Zoología, trabajando en la restauración de aves disecadas del Museo, así como aportando nuevos ejemplares. Algunos de estos últimos llegaron al Museo de Historia Natural de Chicago, mientras que un herbario de plantas regionales de Atacama, a la Universidad de Harvard.

A pesar de que fue uno de los fundadores de la Academia Chilena de Historia Natural y miembro honorario de la Sociedad de Entomología, la coronación a su trayectoria llega en 1943 cuando alcanza el puesto de Director del Museo de Historia Natural, luego del deceso de Ricardo Latcham. En 1946 lo sorprende una hemiplejia que redujo su actividad, acogiéndose a jubilación en 1948. De igual forma, continuó divulgando la ciencia mediante artículos referentes a zoología que escribió por mas de 20 años en Las Ultimas Noticias.

Se mantuvo lúcido hasta el momento de su muerte, notándose su amor y nostalgia por su tierra cada vez que hablaba de Caldera, Copiapó, minas, del mar o las estrellas. Su descenso ocurrió en Santiago el 26 de julio de 1951 a los 88 años.

Conclusión

A pesar de el gran aporte a las ciencias, la comunidad atacameña desconoce la obra de Enrique E. Gigoux. Atacama y su comunidad científica tienen una deuda con un hombre que estudió todo cuanto pudo y cuyo aporte tangible quedó registrado en decenas de artículos científicos y un par de libros. Su amplia visión no encasillada en una rama de las Ciencias Naturales, su carácter multifacético, obstinado y autodidacta y su legado científico evidencian a un naturalista de tomo y lomo, a la altura de aquellos del siglo XIX, pero engendrado en la región de Atacama.

En palabras de Humberto Fuenzalida, su sucesor en el cargo de Director del Museo de Historia Natural:

“Él sabe que hay que especializarse en algún ramo de la ciencia, para poder destacarse; pero lo que a él le atrae no es la planta, o el animal, el fenómeno geológico o la roca, sino la naturaleza. Si él hubiera de especializarse, seria en la naturaleza entera y no en ninguna de sus partes.”

Referencias

Álvarez, O. 1994. Enrique y Byron Gigoux, atacameños ilustres. Chañarcillo, 27 de noviembre, p. 3.

Fuenzalida, H. 1951. Necrología: el señor Enrique Ernesto Gigoux. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural XXV: 5-13.

Gigoux, B. 1994. Caldera: estampas de una vida lejana. Ediciones de Arte Casa de Remates Enrique Gigoux Renard, Santiago, 151 p.

Montiel, L. 1998. Caldera, reseña histórica. Editorial del Norte, Coquimbo, 65 p.

Olalquiaga, G. 1952. Necrología. Revista Chilena de Entomología 2: 314-315.

Ramirez, C. & Navarrete, G. 1932. Publicación extraordinaria Atacama. Talleres Progreso, Copiapó, 186 p.

Siggelkow, S. 1997. Crónicas del Desierto. Copiapó, 118 p.

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