Apachetas de memoria

Por David Ortiz

Las apachetas son montículos de piedras dispuestos en forma circular que emulan una pequeña casa de piedra (Pirca) y que los viajeros antiguos del desierto de Atacama dejaban víveres de uso común para quien pasara por la ruta se recuperara. «Colectividad y conectividad»… ¿da para pensar no?, de repente y nos hicieron falta apachetas de valores e ideas antiguas a un costado de la conquista del desierto que hizo el «progreso» con su olor y sabor. Para que la memoria no se la comieran los arenales.

Recorrer Atacama, el desierto, encontrarte con sus misterios y pueblos fantasmas me recordó esta costumbre en las rutas del imperio Inca. Puntos desaparecidos donde floreció la vida y donde no queda nada, sin una apacheta de recuerdos que permita al viajero encontrarse con el pasado. Nada para nutrir la memoria.

Pueblos como Las Ánimas, que contó con tren, escuelas y donde miles de almas compartieron e hicieron su vida en la provincia de Chañaral y donde ahora no queda nada, solo las huellas de caminos que ahora llevan al polvo seco de Atacama.

Poblados como Carrizalillo cerca de El Salvador, en donde el caserío primero fue saqueado, luego desmontado y finalmente sucumbió ante el relave de mineral que abarrotando las calles como una avalancha de piedras que enterró sus calles y sus historias, dejándole respirar apenas al cementerio de la localidad en donde mi madre, mis tíos y mis abuelos llegaron con la intención de hacer una nueva vida en la pampa y en donde ahora no hay mucho más allá de lo que está en los recuerdos que aún les quedan en ellos que emigraron a Copiapó y los viejos pirquineros que aún viven en El Salado.

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