La Escuela de Minas de Copiapó en la huelga nacional de 1961

Esta historia la conocí mediante don Manuel Riesco en Puerto Montt en un encuentro de Escritores llamado “Caminando el Sur, 2013”. Él me presentó, mediante correo electrónico a Claudio Fonseca, quien gentilmente me hizo llegar este relato que nos habla de nuestra participación en la huelga del 61. // Víctor Munita Fritis

Por: Claudio Leonardo Fonseca

Es real que a veces “una sola chispa puede incendiar una pradera” como decía Mao Tse Tung cuando leíamos alguno de sus escritos allá por los 50 del siglo pasado.  Eso es lo que sucedió en 1961, una chispa generada por la elección del director de la Escuela de Minas de Copiapó, rechazada por sus estudiantes, incendió a la Universidad Técnica del Estado desde  Antofagasta a Valdivia.

Fueron tomadas todas las escuelas de la Universidad al llamado de la Federación de Estudiantes de la Universidad Técnica del Estado (FEUT) menos la escuela directamente afectada, la de Copiapó, la cual se determinó no ocuparla por razones tácticas del  momento.  Los estudiantes de dicha escuela estaban listos para su toma, lógicamente eran los más entusiastas y preparados,  contaban, entre otros, con la dinamita del polvorín de la escuela y alambradas de púas  a fin de impedir cualquier retoma por parte de las autoridades pero, con el dolor de su corazón, obedecieron la orden de la Federación y no la tomaron aunque sí permanecieron en huelga.

LA NOCHE DE LA DECISIÓN

Esa noche la FEUT se reunió en el subterráneo de la Escuela de Artes y Oficios, nuestra  madre escuela. Asistían presidentes de los centros de alumnos de provincias. En Santiago y en el Norte prevalecía la decisión mayoritaria de actuar para lo cual estaban preparados, pero había dirigentes que no eran partidarios de medidas duras como la toma de su escuela.

Sin embargo mientras debatíamos la situación y la necesidad de pasar a la ofensiva, apareció en forma sorpresiva la directiva del Centro de Alumnos de la Escuela de Ingenieros Industriales (EII), la escuela de mayor nivel y respeto en esa época, a cuya cabeza se encontraba Juan Humberto Vera el cual, tomando la palabra, informó que la EII esa noche ya había sido tomada por los estudiantes. La cara del presidente de Concepción fue de asombro (1).

EL DESARROLLO DE LA HUELGA

El paso se dio luego de variadas gestiones y de sucesivos  fracasos y negativas de  la autoridad universitaria. Antes de la acción me correspondió viajar a la Escuela de Minas de Copiapó a respaldar al Centro de Alumnos y también a conversar con profesores y gente del medio minero. Nos percatamos que el problema iba más allá de un simple capricho o rechazo a una persona, la elección del Consejo Universitario había ofendido al estudiantado y a parte del profesorado, encendiendo una mecha que nos permitió el triunfo ese año con la renuncia del director recién elegido y algunas otras conquistas, pero 1961 fue una etapa que daría resultados reales en pocos años más.

El desarrollo de una  huelga es siempre un problema complejo. Lo primero es entender por qué se está en huelga, el grado de convencimiento de los huelguistas es el principal paso para ganar; en este caso existía un espíritu solidario con los estudiantes de Copiapó y de rechazo a la imposición de un director no aceptado. Sólo una vanguardia tenía claro la necesidad de la participación estudiantil en el gobierno universitario y en sus grandes decisiones. Pienso que un núcleo estrecho había leído a José Ingenieros y conocía la lucha de la Universidad argentina de Córdova en el año 1928. Sin embargo esas ideas sí era compartidas por la FEUT y discutidas en nuestros congresos nacionales. Formaba parte de la plataforma pero faltaba un tiempo y trabajo para que se hiciera carne en la masa estudiantil.

Un segundo punto era que el proceso huelguístico debía ir en ascenso a fin de mantener el espíritu en alto. Por ello en cada Centro de Alumno se organizaron actividades artísticas y deportivas a la vez que se insistía en al principio de que los estudiantes tenían que participar y ayudar a decidir en su universidad.

En Santiago se realizó una gran marcha desde la Unidad Universitaria (entonces Casa Central, Pedagógico Técnico y Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Ingenieros estaba en construcción) por la Alameda. Fue como siempre una explosión de creatividad con carros alegóricos carteles y murgas; incluso el estudiante Pedro Llanos trajo un burro desde la comuna de Quinta Normal al cual le pusieron el nombre del director cuestionado.

Una tercera tarea era lograr la máxima solidaridad haciendo crecer permanentemente el movimiento, sacándolo de los causes de nuestra Universidad porque, en los hechos, todas las universidades chilenas estaba sometidas a los mismos procedimientos autoritarios. La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) estaba cuadrada en el apoyo y decidida a incorporarse a un paro nacional que se planificaba para pocos días más.

En esta acción por hacer crecer el movimiento, fui con otro compañero a  ganar a la Universidad Santa María en Valparaiso, institución privada que administraba la familia Edwards. En una gran asamblea los estudiantes escucharon nuestras propuestas y aspiraciones, la necesidad de participar en las decisiones de la Universidad y en la elección de sus autoridades, le leí nuestro manifiesto, la “Declaración del 25 de Mayo”, ante sus ojos asombrados, logrando el compromiso de tomar parte en la gran huelga universitaria que preparábamos. Juan Humberto Vera y Omar Martínez hicieron lo propio en la UC de Valparaíso logrando un decidido apoyo al paro nacional en estas dos universidades privadas.

TODO MOVIMIENTO REQUIERE EXPERIENCIA DE LUCHA.

Los estudiantes de la UTE ya habían “hecho sus armas” en diferentes conflictos de la Universidad y la época: Recuerdo la conmoción  con motivo del suicidio del director de la EAO don Manuel Rodríguez y de las acciones de la dirigencia estudiantil para impedir que uno de los sectores en pugna (por que el suicidio se produce como consecuencia de luchas entre dos grupos por controlar la universidad)  nos utilizara a su favor aprovechando el drama de la muerte del Director.

Salimos a la calle cuando el presidente de la República  de entonces, el general Carlos Ibáñez, expulsó en Arica hacia Perú a unos dirigentes estudiantiles peruanos perseguidos por el dictador general Odría  los cuales pidieron asilo en Chile, estuvimos protestando en la calle hasta que los rescatamos. O cuando se pretendió privatizar ENAP en tiempos del presidente Alessandri. Salimos a la calle al grito de: ¡¡¡Enap sí, Esso no!!!  O para el 2 de abril del año 57 cuando a raíz del alza del pasaje del transporte público y la tarifa escolar hubo una reacción creciente de estudiantes y trabajadores que terminó con centenares de víctimas y estado de sitio.

También en la lucha por el presupuesto de la UTE que fue drásticamente cercenado por el Ministerio de Hacienda de la época. Salimos a la calle lo cual terminó con un apaleo brutal en la calle Estado con posteriores escaramuzas, todo en medio de la indignación general del público por las fotos de los estudiantes heridos. En esa lucha conseguimos el presupuesto requerido por la Universidad que permitió la compra del terreno de El Tattersal , área en que se encuentra el Planetario y alrededores  y del Laboratorio Chile que funcionaba donde hoy está Ingeniería Eléctrica, era el inicio del campus actual.

LA UNIVERSIDAD NO ES UNA ISLA

La elección del director de Copiapó  fue  el detonante, sin embargo, la situación se interrelacionaba, en alguna manera, con los problemas sociales y económicos por los cuales atravesaba el país. La gran huelga se produce en un momento de ascenso de la lucha popular  por cambios y la transformación del país. En efecto, los trabajadores habían construido su Central Única en 1952  la cual había realizado grandes movilizaciones, los partidos populares se habían unido para llevar adelante un programa de reivindicaciones entre las cuales estaba la nacionalización del cobre y la reforma agraria; otros partidos de raíz popular también se plegaban de una u otra manera en sus bases a los cambios que el país requería para salir del subdesarrollo. Era el inicio de la década del 60 en que el país avanzó decididamente a cambios estructurales de la sociedad. Este anhelo de cambios permeaba la conciencia dentro de las universidades. O sea, el 25 de mayo tenía relación con ese ascenso y despertar del pueblo y contaba con la participación militante de muchos de sus dirigentes estudiantiles en este proceso nacional.

EL TRIUNFO

El día anterior de la gran huelga universitaria, el Rector Don Horacio Aravena, quién se encontraba enfermo, nos llamó a su casa para informarnos que el elegido director de la Escuela de Minas de Copiapó había presentado su renuncia y que la rectoría aceptaba la proposición de los estudiantes de constituir una Comisión Bipartita y Paritaria con la Federación para discutir y resolver otros problemas de la plataforma estudiantil.

Habíamos triunfado en este primer empellón. Pero lo más importante, al margen de la conquista directa, fue la experiencia que ganaron los estudiantes y la formación en la lucha de dirigentes para el relevo. Como elemento ideológico fundamental se dispuso de la Declaración del 25 de Mayo que escribieron Juan Humberto Vera y Ciro Oyarzún, llamamiento que está vigente y que hoy constituye una de las tareas pendientes de estudiantes, docentes y egresados.

Santiago, 18 de abril de 2011.

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(1) En realidad en esa época sólo existía el precedente de los estudiantes de veterinaria de la U de Chile quienes pocos años antes sí habían ocupado su escuela. La EAO sólo se había tomado para la caída de Ibáñez el año 1931 en que se constituyo un “soviet” por los estudiantes.

A partir de allí la Federación votó unánimemente la toma de todas las escuelas menos la de Minas de Copiapó y tampoco la Casa Central y la Radio.

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