Turismo sustentable, otra riqueza por descubrir

Centrado en el disfrute de la naturaleza y de las maravillas que posee cada región,  encontramos el turismo rural, una  modalidad emergente de esta actividad  que en Atacama lamentablemente está creciendo a paso lento.

Por Alejandro Riveros /Fotografía Luis Jofre

En los últimos años en diferentes puntos de nuestro país, han surgido pequeñas empresas dedicadas al turismo de naturale­za o rural potenciando las riquezas de cada región, no solo pensando en las ganancias inmediatas de lo que tradicionalmente se entiende por turismo, sino que también proponiendo los valores agregados del desarrollo sustentable y la responsabilidad extendida del productor, aspectos que si se toman en cuenta puede convertirse en una oportunidad de negocio.

La idea principal de este turismo es  minimizar el impacto de sus visitas, que siempre se realizan en grupos reducidos y que presumen de un espíritu de autenticidad del que carecen las agencias de turismo más tradicional o de mayor envergadura, la idea de este tipo de turismo es buscar un  turismo que beneficie a las comunidades locales sin distorsionarlas, uno que apenas deje huella en el paisaje. Un turismo, en definitiva, más sostenible y responsable.

Ello implica unas estrategias turísticas muy diferentes que apuesten por la calidad, por los pequeños hoteles, por lo rural, la edificación sostenible y también una actitud diferente por parte del turista. Un turismo responsable implica a un viajero que quiere disfrutar de la experiencia de su viaje, pero sin dejar una huella negativa a su paso. De ahí la necesidad de que administraciones y empresas de los destinos adopten prácticas que minimicen los impacto negativos del turismo.

Un turismo bien gestionado, que suponga el mantenimiento de los re­cursos naturales y ponga en valor, sin degradarlo o sobreexplotarlo, el paisaje y los activos rurales y culturales, puede suponer una opción para el desarrollo económico de la Región, principal­mente en comunidades rurales, como alternativa a la explotación de sus recursos na­turales.

Un turismo responsable implica también un perfil de viajero especial. Uno que quiere disfrutar de la experiencia de su viaje, pero sin dejar una huella negativa a su paso. Y de paso entrega la ventaja de ayudar a conservar un entorno para que otros visitantes disfruten del mismo paraje que los anteriores visitantes. De ahí la necesidad de que administraciones y empresas de los destinos adopten prácticas que minimicen los impactos negativos del turismo, promoviendo las prácticas del Ecofriendly.

En definitiva, el turismo responsable implica asumir una responsabilidad individual y de colectivo. Supone comprometerse a implementar los principios del desarrollo sostenible, asumiendo la propia responsabilidad. Características bien vistas y aceptadas por las comunidades.

Un ejemplo de esta práctica es el Hotel Garden Court de Holanda. Sus instalaciones se diseñaron con pisos de material reciclado (entre ellos botellas plásticas) y los muebles de las habitaciones son de madera también reciclada. Las fuentes de energía del edificio son a base de Energía Renovable No Convencional (ERNC) y posee un sistema de ahorro de agua en llaves y duchas.

A nivel local, este modelo de desarrollo se ha planteado instalar en Totoral, donde gran parte de la comunidad propuso a las autoridades municipales crear una zona de desarrollo «verde», con áreas de turismo de cabañas de un piso e instalaciones sustentables, fomento para las tradicionales labores artesanales de los habitantes de la zona y áreas de conservación silvestre.

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