John O’Donnovan el improvisado primer maquinista de Chile

Antes de la llegada del ferrocarril, el flete de transporte de los minerales se hacía a lomo de mula o en carretas, lo que hacía muy lento el trabajo sumado a las irregularidades de las llegadas de los buques que exportaban el producto. Por lo que grandes capitales permanecían inmovilizados por largo tiempo.

El problema del transporte comenzó a ver posibles soluciones gracias a ingenieros que con sus ideas fueron cambiando la manera de trabajar. Las primeras ideas de construir un ferrocarril en el país fueron del ingeniero y mecánico relojero escocés, don Juan Mouat, quien residía en Valparaíso. Su idea incluso se materializó en planos y para los gastos que éstos demandaron, colaboraron importantes personajes como Agustín Edwards, Candelaria Goyenechea, la Empresa Unida, José Joaquín Vallejo (Jotabeche), Ventura Lavalle y Ignacio Tirapegui. Pero finalmente fue William Wheelwright el precursor de la Compañía del camino Ferro-Carril de Copiapó, ayudado por estos mismos para su construcción.

La primera vía férrea fue construida entre Caldera y Monte Amagro ubicado a 38 km. de Copiapó, y tuvo 41 km. de longitud. En los años siguientes se extendió con un tendido total de 151 km. La locomotora así como los vagones y rieles fueron encargados a Inglaterra y Estados Unidos, llegando a nuestro país el 21 de junio de 1851, a bordo de la fragata Switzerland, a cargo de Guillermo Wheelwright.

“La Copiapó”, fue el primer ferrocarril que circuló en Chile y el tercero en Sudamérica. Estuvo en funcionamiento desde 1851 a 1858 y habiendo recorrido sólo 118.350 km., fue reemplazada por otras más modernas. En su viaje inaugural llevó dos coches con 50 pasajeros cada uno, y dos carros cisterna; su velocidad promedio fluctuó entre los 25 y 30 km. por hora.

A partir del 1° de enero de 1852 La Copiapó realizó un viaje diario: salía a las 9.00 hrs. de Copiapó y llegaba a las 13.00 a Caldera, saliendo nuevamente de regreso a Copiapó a las 15.00 hrs. El pasaje costaba en primera 4 pesos y 2 reales, y en segunda 2 reales. La carga se pagaba a 4 reales por quintal.

Gracias a la existencia del ferrocarril no sólo se logró mejorar el sistema de traslado de minerales, sino también se logró construir el puerto de Caldera. A la vez hubo grandes adelantos, por el trabajo de William Weelwright, quién doto de alumbrado a gas a la ciudad, y también logró destilar el agua, que tenía una gran cantidad de cal, con el fin de no dañar las calderas de la locomotora, y a la vez dar agua potable a la población. Debido al auge minero, Copiapó pasó de ser una villa a una gran ciudad. Parte de este desarrollo lo podemos ver en un extracto de un diario de la época que comentaba: “tenemos ricas y surtidas tiendas, un teatro sin disputa, el segundo del pacífico, un hospital, un cementerio, un colegio y dos periódicos que son prueba auténtica del progreso”

EXTRAÑOS EN UN TREN

 Como el tren había sido inventado en Inglaterra. La gran mayoría de quienes trabajaron y dirigieron este negocio en Chile fueron extranjeros. Algo parecido pasaba en los primeros operarios de las maquinas. Cuando termino de construir la línea ferroviaria de Copiapó a caldera, la celebración fue enorme y, al día siguiente, a la hora de inaugurar el recorrido, el conductor de la locomotora, un norteamericano de apellido  Tarjet, estaba enfermo, intoxicado por el alcohol bebido la noche anterior. Como improvisado remplazante fue escogido John O’Donnovan. Este casual primer maquinista de la historia nacional era irlandés conocido como el carefuego2 por las rojas patillas y barbas que poblaban su cara. O’Donnovan contaba que había peleado en Waterloo, la batalla en que fue  derrotado definitivamente Napoleón. Si era verdad, entonces este irlandés fue testigo de la segunda fila de dos importantes momentos  de la historia, universal y de Chile.

FUENTE :

http://www.educarchile.cl/

MIRA TÚ, Guía para perderse en Chile. Editorial Hueders, Aplaplac.

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