Familia Fajardo: salvando la última viña del Copiapó urbano

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Pintura del matrimonio Fajardo-Casas en la parcela.

La Viña Fajardo es famosa por sus vinos dulces, típicos de Copiapó y que representan un valor patrimonial incalculable por cuanto ayudan a configurar el pasado agrícola de la ciudad en un producto: el vino copiapino y un espacio detenido en el tiempo: la viña.

Ubicada en el callejón El Inca del Pueblo de San Fernando, es la última viña del cono urbano de Copiapó. Si antes era parte de un sector de chacras y huertas, hoy la rodean edificios de departamentos, condominios y hasta supermercados.

Lamentablemente el aluvión del 25 de Marzo estuvo apunto de destruir el trabajo de décadas del conocido vecino Celestino Fajardo, quien construyó a pulso esta viña que quedó en algunos sectores con hasta un metro y medio de barro.

Hoy su viuda, Olga Casas Godoy, sus hijas y sus nietos tratan de recuperar el lugar a duras penas, buscando resisitir en la última viña del famoso vino copiapino y conservar así la herencia patrimonial de su familia que refleja un Copiapó agrícola que parece destinado a desaparecer.

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Viña Fajardo el año 2014. Tierra Cultah.

Son 10 hectáreas las que conforman la Viña Fajardo,  lugar lleno de parronales y árboles frutales, los cuales se han ido ahogando y secando por el barro que impide mantener el regadío de la parcela, uno de los rincones más extraordinarios de Copiapó y que conserva 70 años de historia y tradición.

“Mi abuelo con mucho amor fue plantando cada uno de los árboles y a cada persona asidua a su conversa, él mostraba total respeto a la tierra. Por ello no podemos permitir que todo quede sepultado en barro, debemos levantarnos como siempre lo hemos hecho los atacameños”, dice Fernanda Véliz Fajardo, nieta del matrimonio, quien hoy intenta por todos los medios de ayudar a su abuela a levantar la parcela.

Según relata Fernanda, su abuelo Celestino juntó los materiales con que construyó un sistema de regadío y su casa con restos desechados de las vías ferroviarias, es un lugar que surge a partir del reciclaje y que hoy busca renacer para entregar un rincón verde a la ciudad.

El aluvión

Durante el aluvión de Marzo, el barro entró con tanta fuerza que destruyó antiguos cántaros de vino, se llevó la camioneta y el tractor de la parcela, afectando gravemente la sala de producción y la bodega donde se perdieron todas las botellas de vino.

En gran medida el golpe barro fue más fuerte, porque horas antes del aluvión, maquinaria pesada que se encontraba construyendo defensas para algunas viviendas del sector botó los muros de la viña, sin avisar a sus dueños.

Esto habría sido para entregar un drenaje al barro que empezaba a anegar la ciudad. Olga Casas, de 86 años no pudo hacer mucho ante las retroexcavadoras que botaron las murallas de su hogar.

Este hecho empeoró las condiciones de viña durante la emergencia, ya que en la mañana de la catástrofe el barro entró al terreno arrasándolo todo, llevándose objetos de gran valor como chuicas del mediados del siglo XX y sepultó vivos a los animales de la viña.

El alud fue tan fuerte en la Viña Fajardo, que incluso trajo los enseres destruidos y restos de viviendas de sectores como Placilla Morales, Paipote y Los Pintores de Chile llenando de escombros el sitio.

Ese día, dos de las hijas de Celestino Fajardo fueron arrastradas por el barro, pero lograron sobrevivir aferrándose a sus casas. La matriarca Olga Casas sólo podía mirar cómo el barro atacaba con total violencia el esfuerzo de años de trabajo, sin poder más que observar el desastre.

Así lucen hoy los parronales. Sin embargo las parras sobrevivientes siguen produciendo.
Así lucen hoy los parronales. Sin embargo las parras sobrevivientes siguen produciendo. Foto Santiago Amaya.

Ayuda

Actualmente Olga Casas va de un lado a otro en su propiedad organizando la forma de recuperar las plantaciones que tantos años le costó mantener junto a su marido, recibiendo ayuda de sus trece nietos en el que es hoy el último predio vitivinícola de la ciudad.

Hoy, esta familia antigua de Copiapó pide ayuda a la comunidad local para que les pueda echar una mano para remover parte del barro que sigue cubriendo el lugar, y así regar las plantas que no pueden obtener agua.

“Mi abuela, estoica entre los escombros nos da energía para seguir pero sabemos que solos no podemos; necesitamos ayuda”, dice Fernanda Véliz Fajardo, nieta de Celestino Fajardo quién hoy invita además a los copiapinos a ayudar los fines de semana a recuperar un verdadero tesoro de la ciudad.

La Viña Fajardo es una viña orgánica que NO utiliza aditivos especiales ni químicos para su producción, además trabaja como centro de acopio para reciclaje de envases plásticos y de vidrio, los cuales luego son reutilizados para el vino producido en la viña. A los interesados en ayudar se les entregan botellas del famoso elixir copiapino como agradecimiento.

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Muros por donde ingresó el barro luego de que retroexcavadoras hicieran drenaje del barro de la calle. Foto Santiago Amaya.

Para poder contactar a esta familia tradicional de Copiapó está disponible el Facebook de Viña Fajardo y el fono 97361864. Esta es la mejor forma de poder recuperar un pulmón verde que hasta el fin de semana antes del aluvión lucía con esplendor cientos de plantas y árboles en plenitud, y que hoy todos quieren ver de nuevo en su esplendor, como lo muestran estas imágenes de la viña antes de la catástrofe.

Por ahora la viña sigue atendiendo público de lunes a viernes de las nueve de la mañana a las nueve de la noche, para quienes busquen comprar el famoso vino fajardo.

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Parcela fajardo antes del aluvión. Foto de Manu Vargas.
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Viña Fajardo antes del aluvión. Foto Manu Vargas.

 

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