Jorge Zambra, el guardián de la historia huasquina

Por Nilsa Mardones

Toco el timbre en la céntrica calle Prat en Vallenar, donde me encuentro con don Jorge, quien me recibe amablemente porque dice “siempre estoy dispuesto a las visitas”.

Comenzamos hablando del contexto actual y general en que está la Literatura en nuestra Provincia del Huasco, donde me explica que “está muy movido todo, a veces se cree que no pasa nada pero no”, detallando los libros publicados últimamente como el de Alex Castillo en Freirina, “Los Veneros del Huasco”; el de Oriel Álvarez “Riquezas Patrimoniales”; en Huasco “El Misterio del Zapato Perdido” de Oriel Ramírez; en Vallenar el libro de cuentos de Patricia Rivera “Percal y Otras Percalas”.

Zambra está inmiscuido en corregir poesía, ya que explica que: “Soy corrector y estoy también investigando sobre un apellido indígena que indica todo pero que no será el nombre, pero lo describe muy bien: La Selva de Campillay”, donde nos ponemos a mencionar apellidos que han sonado en la zona, como el Bosque, Tamblay, Ceriche, Huaimanta que dice que es una “mancha” y Huanchicay que lo menciona como “bosque”, haciendo metáfora de la permanencia familiar que tiene cada uno.

Además, en forma personal, está trabajando en poemas sueltos que dan forma a un libro que se titula “Poemas del Desierto Florido”, donde enmarca versos a cada flor que nace en el episodio natural de la zona.

“También soy crítico; En el poema “Garras de León” tiene algún mérito, tengo uno que se llama “Génesis del Jardín” que explica cómo se originó el Desierto Florido, preguntándome: ¿usted sabe cómo? No, le respondo y me dice: “Dios conversó con los ángeles y ahí donde lo hizo, se formó”.

Jorge Zambra se queda pensando como involucrado en su recuerdo memorial y le ayudo a soltar un ramillete de influencias que le tocaron el corazón y luego me dice que prefiere que eso no vaya, pero exceptúo y le pregunto: ¿Cómo fue la aventura con Gabriela Mistral?

“No vino, fueron los nexos de Gabriela con el Huasco. Su padre era de Vallenar. Siempre me lo planteo antes de hablar y eso nació de una conversación donde alguien afirmaba que Mistral no tenía nada que ver con aquí y escribí (“Gabriela en el Huasco”)”.

Le pregunto ¿cómo fueron para usted los años 60? y de inmediato me dice “Buenos”, agregando que: “pasó Allende en febrero del año 1973 por Vallenar. Uno siendo cabro, díscolo, siempre en buena onda acercándose a tocatas, conversatorios en años llenos de vivacidad junto a acontecimientos, de luchas políticas, y yo siempre pendiente de todo. Acudí a charlas, discursos políticos, escuchas a poetas como Gonzalo Rojas.

¿Tiene personas de gran impacto para usted?

“Las amistades puede que no hayan sido perdurables, pero algo pasa en tu vida y la marcan”.

¿Quiénes?

“Estela Díaz Marín; Tuvimos un intenso momento de amistad. Ella es notable en la poesía chilena. Mire lo que digo, en la poesía de Chile.

Tuve personas excepcionales, figuras notables que me trataban de igual a igual.

Aldo Páez, papá de Enzo, quien murió; Ángel Veas quien estuvo en la casa porque mi abuelo lo acogió. Todo era natural y había una magia en él; Gonzalo Drago quien también tenía una magia, una especie de encanto, daban ganas de abrazarlo y no soltarlo jamás… Vino y estuvo en Vallenar, fue novelista, cuentista, pedazo de pan y persona transparente”.

Museo y entorno

El Museo del Huasco surge por los años 60´ cercano al corazón de Vallenar, en Prat con Colchagua, donde actualmente reconoce: “Esta es mi casa, me la paso luchando sin recursos, trabajo por mantener en pie el Museo, cuando vienen, abordo, no tramito, atiendo rápido.

¿Cómo caracteriza el Museo?

“Una característica del Museo es que ha dado bote. Nació en el Centro Cultural con la Biblioteca. Hemos tratado de hacer lo mejor, tuvimos laboratorio. Nunca en Vallenar he recibido de parte de nadie la pregunta ¿En qué lo puedo ayudar?”.

¿Cree que la literatura salvaría lo grave de la actualidad que vive el Museo?

“La literatura es un instrumento social, artístico, puede influir. Cada vez nos enfrentamos y comunicamos con el público, estamos haciendo función pública, el escrito está llamado a hacer una función pública constructiva”.

¿Ideas que debiesen estar?

“Todo lo artístico debe tener financiamiento. La creación debe ser remunerada”.

Me explica en alegoría que Vallenar puede ser La Capital del Cuento, el epicentro, donde cada artista pueda venir a este lugar y se quede un tiempo porque así forma, si no, “no deja huella”.

Al referirse a las piezas del Museo, considera que: “Si no enaltecemos lo nuestro, nadie va a venir”

“Los jóvenes que muestran condiciones especiales, hay que cuidarlos, tenerlos presentes porque están difusos”.

“Esto es crónicamente pendiente. No me ha abandonado la motivación por el Huasco, los antepasados y figuras.

Jorge Zambra vuelve a la actualidad e identifica que su vida tiene mucho de constancia pura, donde hacemos honor en nuestra conversación a este valor que da forma al escritor, profesor, historiador, corrector e investigador de sabia edad pero a quien, definitivamente, no le entran balas.

 

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