Opinión: La cultura de la butaca

Por Luz Barrientos*

Hay quienes nacen con sueños, los que algunos prefieren llamarlos frustrados, otros hobbie y más aun si tratan del talento artístico que cualquier ciudadano puede tener, pero que a fin de cuentas llamarlo pasatiempo suena más sutil para evitar preguntas o cuestionamientos por parte de la sociedad. Del tipo ¿por qué no te dedicaste a esto?, ¿de por qué no seguiste en esto otro?, etc. Y es que al menos en nuestro país estamos claros que dedicarse al arte y a la cultura no es muy rentable que digamos y a veces la necesidad nos supera.

Como amante del teatro, o mal llamada “actriz frustrada” siempre esperé ver diversas obras en Copiapó, sobre todo en el flamante Centro Cultural o la Sala de Cámara que, no sirve de nada tanta modernidad si el uso que tiene es un poco deficiente. Pero más allá de eso, es la falta de cultura artística que tiene una ciudad minera, donde claro, pueden influir muchos factores, como que no es el público objetivo, como que no hay recursos para traer grandes compañías de teatro, o lo que es peor aún, ver el teatro prácticamente vacío ante algún evento.

En otras ciudades del país, y no pretendo caer en comparaciones, es común conocer diversas compañías de teatro creando nuevas historias y haciendo hasta lo imposible por un estreno con sus propios recursos o con ayuda de privados o entidades públicas que se las ingenian para subsistir y bueno, si bien es cierto, en Copiapó creo conocer una sola compañía, la iniciativa de traer constantemente obras de otros puntos de Chile es prácticamente nula, o al menos es lo que parece.

No busco tirar dardos ni responsabilidades porque creo que la culpa es de todos. Los gestores culturales pueden escudarse en la falta de presupuesto y la ciudadanía simplemente no va cuando hay algún evento, y eso se refleja en las butacas vacías.

La cultura minera, la rotación de población, el poco incentivo o las nulas ganas por generar la cultura del teatro nos ha llevado, a quienes algunas vez fuimos parte de alguna compañía, a desilusionarnos de quienes sí pueden cambiar esto.

Tirón de orejas o no, la responsabilidad parte por casa, porque hacer un encuentro nacional de teatro (que es una vez al año) no basta para incentivar a nuestros hijos el concepto de la cultura teatral, ni menos para impregnarnos de esa fantasía que nos entrega, de esa sensación de estar sobre el escenario, de crear libretos o simplemente de sentarse en una butaca a presenciar en vivo algo que nació del papel. No sacamos nada con tener más espectáculo, si no tenemos la cultura de asistir a ellos y de paso, colaborar con el artista y el talento nacional, en este caso, copiapinos, que poco se ve sobre las tablas.

*Periodista

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