Incorporemos la historia local en las aulas

Por Ítalo Chávez Campbell / www.revistamaranion.cl – Provincia del HuascoRevista Marañón Vallenar

Cuando una persona dice “no comprendo la historia de Chile”, podemos entender que se refiere al conjunto de hechos y acciones vividas por el conglomerado social que habita el territorio nacional, o pensar que se refiere a la historia que le fue enseñada a través de libros y textos en las escuelas y colegios. Esta historia, en la que la mayoría de nosotros fuimos formados y que todavía tiene presencia dominante en las aulas del país, es creación de una corriente disciplinaria específica conocida como historiografía tradicional, una concepción disciplinaria que se caracteriza por dar valor a la erudición y restringir su expresión al plano narrativo descriptivo.

En esta línea, las distintas versiones dadas como “verdades” por los historiadores tradicionales, restringe el protagonismo histórico sólo a las clases dominantes de la época, donde las masas populares (indígenas, esclavos, campesinos, obreros) y los grupos subordinados (jóvenes, mujeres, etc.), van a desaparecer de la escena histórica o serán representados como fieles seguidores de algún dirigente o caudillo. Así, el mundo popular aparece en esta historia tradicional como algo propio del paisaje, sujeto a ser sólo una masa inerte carente de historia, como ha sostenido el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “en la historia oficial o no están o sólo están muy de paso las voces del pueblo, ya que se nos ha enseñado una historia de machos, de blancos, de ricos y de militares. La historia de América Latina se ha escrito entonces, en gran medida, de espaldas a la experiencia del pueblo latinoamericano.”

Profundizar en la crítica que se ha hecho a esta corriente historiográfica, obligaría a efectuar digresión demasiado larga. Lo importante aquí es reconocer los semblantes que adoptaría una enseñanza de la historia inspirada en estas características, y los resultados pedagógicos que se obtienen a partir de esta opción. Como el conjunto de argumentos es demasiado extenso, tomaré como ejemplo una frase sencilla y categórica que todo profesor de historia hemos escuchado alguna vez: Profe, ¿y para que nos sirve aprender esta cuestión? Esta es la pregunta a la enseñanza de una historia que, a la mayoría de los estudiantes, les resulta ajena e inútil, donde el conocimiento que se les enseña se preocupa de asuntos que corren temporal y espacialmente lejano de sus intereses reales y concretos, donde se les pide un aprendizaje repetitivo del conocimiento, estando obligado a memorizar un conjunto hechos y fechas, transformándose esta disciplina en un saber respecto del cual resulta difícil establecer lazos de identificación y pertenencia, al considerar su experiencia de vida como la “gran ausente de la historia”.

¿Qué interés pude presentar para los jóvenes la enseñanza de la historia con estas características…? ¿Cuál(es) puede(n) ser la(s) mejor(es) respuesta(s) por parte de la educación para revertir esta situación? Adelantando conclusiones, se plantea que la historia local, como experiencia, es la mejor respuesta que la ciencia histórica puede dar.

Integrar la enseñanza de la historia local en el currículum escolar, nos hace reflexionar sobre las dimensiones que puede alcanzar esta alternativa, al plantear una nueva forma de hacer historia, es decir, una historia de base, que prescinde de los grandes hechos y personajes históricos propio de la historiografía tradicional, “quedando así la puerta abierta para lograr una renovación de la didáctica y aprendizaje de la historia, asumiendo en su sentido más profundo y comprometido redefinir “qué historia enseñar, cómo enseñar historia, y para qué lo haremos” (Garcés, Mario).

Pero no es sólo replantearse estas tres preguntas refundacionales de la enseñanza de la historia una alternativa. En el mismo grado de importancia, la enseñanza de la historia local en la escuela se alinea con las teorías del aprendizaje, impulsadas por el Ministerio de Educación, las que recogen los postulados de la teoría Constructivista, que busca que los educandos sean capaces de adquirir conocimientos relevantes para ellos, por medio de la adquisición de un aprendizaje significativo, donde la construcción de significados es el elemento central del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Vallenar antiguo
Vallenar antiguo. www.Geovirtual.cl

Ahora “sólo es posible que un alumno realmente comprenda (y no simplemente memorice) un contenido cualquiera, cuando es capaz de atribuirle por sí mismo un significado, cuestión que sólo se puede conseguir a través de un proceso personal de construcción de conocimientos… y éste sólo se produce cuando el nuevo conocimiento se asocia a algún conocimiento previo que le permita atribuir un significado a lo que está conociendo, es decir, cuando el conocimiento nuevo se constituye en un signo de lo que ya conocía” (Folchi, Mauricio 1999-2000), y esta historia, con su área de estudio focalizada en lo local, abre el camino para que los alumnos sean capaces de construir ese significado, al comenzar por estudiar lo más cercano para él, me refiero a su persona, su familia, su comunidad y su región.

Por esta razón, en su fase más sencilla, la historia oral puede ser usada como una estrategia didáctica ante la pregunta del cómo enseñar historia. Pero incorporar la enseñanza de historia local en las aulas, también nos permite tocar cuestiones más de fondo y hasta cierto punto conflictivas; me refiero a cuestiones relacionadas con el ejercicio de la disciplina, es decir, a la actitud y compromiso que somos capaces de asumir en la enseñanza de la historia -cuestiones que nos llevan a replantear el sentido de nuestro trabajo, al ser capaz de dar respuesta a preguntas más complejas, como el qué historia enseñar y el para qué hacerlo.

Responder estas interrogantes, desde el estudio de la historia local, nos lleva a escenarios más conflictivos dentro de la disciplina histórica, al considerar el carácter subjetivo de estas reconstrucciones -así como todas-, pero su sentido más comprometido y profundo es asumir desde la enseñanza de la historia local, responder el para qué enseñar historia.

En el acto de proponer una respuesta, me detendré en los propósitos que busca la enseñanza de la historia local. Dependiendo, en parte, de los dispositivos metodológicos de estas reconstrucciones, se reconoce que al recuperar su historia, los participantes se dinamizan y refuerzan sus sentidos de pertenencia e identidad o, como se podría concluir, “el proceso de producción del conocimiento, o lo que es lo mismo el proceso a través del cual se recupera la historia local es relevante, por cuanto puede favorecer en menor o mayor grado la apropiación y autorreconocimiento de la identidad” (Garcés, Mario). Pero sentirse con identidad es pertenecer a algo, es reconocer mis raíces y pasado común, en definitiva, es cómo el conocimiento histórico que tienen los sujetos se transforma y se utiliza para la acción histórica, es decir, cómo lo utilizo para lograr algún efecto o cambio en la comunidad que produjo tal conocimiento.

En definitiva, los desafíos que abre la enseñanza de una nueva concepción de la historia en las aulas son tremendos, primero para los alumnos y docentes, y luego para la sociedad en su conjunto, y el propio curso de la historia.

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