Los naturalistas del Desierto, buscando vida en medio de la nada (Capítulo 1)

La fascinación de especialistas por los naturalistas, quienes a su vez, se maravillaron o sorprendieron por los hallazgos de las especies que habitaban Atacama, sigue suscitando interés hasta el día de hoy. Fueron los primeros retratistas del territorio atacameño, en cierta medida los primeros en diseñar un imaginario con registros documentales, el cual podemos seguir consultando hasta el día de hoy para descubrir similitudes con nuestro pasado.

Fueron los primeros ojos que no se fijaron en los humanos sino que centraron su atención en la naturaleza. Un trabajo que el día de hoy sigue desarrollando una serie de especialistas, entre ellos el Doctor en Ciencias Biológicas Bernardo Sepúlveda, profesional que se desempeña en el CRIDESAT de la Universidad de Atacama . Investigador que ha recorrido Atacama desarrollando investigaciones científicas y que a la vez ha desarrollado una interesante recopilación de sus antecesores.

Trabajo que gentilmente compartió con Tierra Cultah para su divulgación, y que presentaremos en distintas entregas durante este segundo semestre del 2016.

Los naturalistas del Desierto, buscando vida en medio de la nada (Capítulo 1)

Por el Dr. Bernardo Sepúlveda

La obra Species Plantarum, de Carlos Linneo fue publicada en 1753; ésta estableció oficialmente la nomenclatura binomial y fue una herramienta que sería muy útil a la profusión de expediciones, patrocinadas por diferentes países, con la finalidad general de conocer el mundo; sometida, naturalmente, a objetivos de tipo políticos o no (cuestión que no se trata aquí). Por ejemplo, Hipólito Ruiz y José Pavón recolectaron plantas en la zona central de Chile (Talcahuano a Santiago, 1782 a 1783). Luis Neé, en la expedición Malaspina que parte en 1789, recolecta flora de la zona central y austral, que fue analizada por José Cavanillas. Considerado el primer naturalista chileno, el abate Juan Ignacio Molina publica una obra en Italia; pero, no abarca la flora del norte de Chile. Pasando por la contribución del Capitán Beechey (1825 a 1828), Eduard Poeppigi (1827), Charles Darwin (1834), el profesor Ignacio Domeyko (1840), el profesor (Dr.) Rudolfo Phillipi y otros, el conocimiento sobre los recursos naturales existentes en Atacama, Chile.

Sobre la visión global de los recursos naturales de Atacama por algunos expedicionarios y naturalistas.

El Rey de España (Malaspina, 1885; Galera, 1990; 2010), Carlos III, patrocinó el proyecto de Alessandro Malaspina, llamado Plan de un viaje científico y político alrededor del mundo; el cual fue aprobado en 1788. La expedición partió de Cádiz el 30 de Julio de 1789, en las corbetas Descubierta y Atrevida, rumbo a Montevideo. Por cinco años la expedición recorrió las costas de América del sur, Asia y Oceanía; sin dar la vuelta al mundo.

Luego de un largo recorrido, el 14 de diciembre, la expedición salió de la Islas Malvinas hacia el Cabo de Hornos y con rumbo al puerto

Atardecer en las cercanías de Totoral, límite entre Copiapó y Vallenar.
Atardecer en las cercanías de Totoral, límite entre Copiapó y Vallenar.

de San Carlos de Chiloé, en el entonces “Reyno de Chile”. Como jefe de naturalistas estaba el Teniente Antonio Pineda, quien tenía formación científica en el Real Jardín Botánico y en el Real Gabinete de Historia Natural. El trabajo del Sr. Pineda es un interesante registro de que ya en esos años había no solo el interés, sin la capacidad técnica para estudiar la calidad de aguas minerales para derivarlo a las propiedades medicinales. No parece haber habido conciencia aún de una finalidad práctica en el análisis de la flora, al menos esta fuente indica que no era un gran atractivo.

En la expedición estaba el botánico franco español Luis Neé, quien recolectó material botánico entre 1789 y 1794 (Rodríguez, 1992). En 1790 (5 de febrero) las corbetas llegaron al actual Chiloé y el 19 zarparon hacia Lima. Luego de pasar por partes de Chile, una nave explora las islas Juan Fernández y llega al puerto de Valparaíso, mientras la otra reconocía la franja costera. Este evento es importante, porque en Valparaíso se incorpora el naturalista Tadeus Haenke, de quien se dice perdió el zarpe desde España; pero, logró alcanzar la expedición en Chile. Algunas contribuciones de la expedición Malaspina se citarán mas adelante.

En Mayo de 1834, el naturalista británico Charles Darwin, se encontraba dando la vuelta por el Estrecho de Magallanes para dirigirse a menores latitudes de Chile. El 22 de abril de 1835, la expedición salió por tierra desde Concepción hacia Coquimbo. Algunas de las

Desierto en las cercanías de Copiapó (frente al sector Toledo)
Desierto en las cercanías de Copiapó (frente al sector Toledo)

observaciones preliminares al tramo hacia Copiapó son que con el avance hacia el norte desaparece la vegetación paulatinamente y que el país se hace más estéril y acota que “ni una cabra encontraría alimento”. Por una declarada falta de interés, Darwin se dirige al interior por el valle de Illapel, llegando a Coquimbo el 23 de mayo. La primera observación sobre recursos naturales es de recursos cultivados y de los más comunes como el trigo; el cual dependía completamente de la frecuencia de las lluvias naturales en la zona. También menciona con entusiasmo la calidad de los higos y uvas de la zona. Nueve días después parten hacia Huasco (Guasco) por el camino costero, el mismo que seguiría posteriormente el Profesor Ignacio Domeyko. La temporada en que Darwin avanza hacia el norte es aún invernal, por lo que era más posible que Darwin encontrara plantas y animales; de hecho se le informa que es una zona menos desértica que el interior. Más adelante, en Hierba Buena, se informa de la existencia de pasturas para los caballos y de una lluvia caída hacia 15 días en la zona más alta; aunque estas lluvias son normales en la región, Darwin deja claro que el agua es ya un recurso escaso en la zona.

Un día después, Darwin avanza hacia Carrizal, describiendo un desierto deshabitado, resaltando la falta crónica de agua y que la que hay era de muy mala calidad por ser salobre. A esta altura del viaje, Darwin reporta vestigios numerosos sólo del gastrópodo del género Bulimnus. También concluye, basado en las observaciones complementarias que debió hacer, que una planta del lugar (que él la llama “humilde”) es la fuente de alimentación del gastrópodo. Estas es más que una simple observación; es la descripción de una parte de un sistema ecológico que, incluso, implica la presencia de agua y es la descripción parcial de un ecosistema de zona árida. Por otra parte implica que debía haber muchos más elementos aún desconocidos. Darwin cita “En Carrizal hay algunos cotos, un poco de agua salobre y átomos de cultivo; pero nos cuesta gran trabajo obtener un poco de grano y de paja para los caballos”.

De Carrizal a Sauce, Darwin informa de “muchos rebaños de guanacos” y sigue quejándose del escaso forraje para los caballos, el que obtiene más adelante en la localidad llamada Sauce. La expedición llega a Freyrina (sic) y cuando avanzan por el valle del Guasco (sic) observa en sus notas que la vegetación es ya muy pobre y que, incluso, ha desaparecido un cactus “en forma de cirio”. Esta planta podría corresponder a una especie del género Eulychnia, descrito para esta parte del norte chileno; pero, no con ese nombre común. El llamado cactus candelabro (= cirio) está descrito para Arica y Parinacota. Darwin no da mayores indicios como para asociar su

Charles Darwin de joven. Visitó Atacama cuando era un veinteañero.
Charles Darwin de joven. Visitó Atacama cuando era un veinteañero.

observación a una especie en particular con un mínimo de certeza. De todas formas Darwin indica que este cambio vegetacional dio lugar a una especie de cactus mucho más pequeña; pensando en la localidad, es posible que pueda haber visto especies pequeñas de Eriocyse o las típicas del género Copiapoa; pero, no da detalles de las plantas.

En Guasco alto, Darwin informa de sus “afamadas frutas secas”, recurso agrícola existente hasta ahora. Es interesante el informe de bosques de sauces en la zona (Salix), contrastando con las desérticas laderas del valle, e indicando que hace 13 meses que no llueve. El 10 de Junio, luego de salir hacia el valle de Ballenar (sic) y hacia Copiapó, Darwin informa que el territorio “no tiene interés alguno“ y que se cansa de usar las voces “desierto” y “estéril”; pero advierte que son términos diferentes. Darwin informa de presencia de un cactus, sin especificación mínima y, muy interesante, menciona la observación de líquenes y de semillas en el suelo que “podrían brotar en la primera estación lluviosa”. Con estas observaciones, Darwin nuevamente perfila un ecosistema árido e, incluso, deja claro que este no es desierto absoluto como el de otros lugares que menciona. Consecuente con lo anterior, en un vallecito – no hay mayor especificación – que alcanza posteriormente, Darwin dice encontrar agua buena, un curso de agua y leña, aunque indica la inexistencia de forraje natural.

Luego de un recorrido sobre el cual Darwin anotó “Da lástima ver brillar el sol constantemente en un país tan estéril; un tiempo tan hermoso debiera ir siempre acompañado de tierras cultivadas y lindos jardines”, el 11 de Junio llegaron al valle de Copiapó.

En la hacienda Potrero Seco (del Sr. Bingley), Darwin informa la existencia del Río Copiapó y acota que “la escasa cantidad de tierras cultivadas en todo el valle no depende tanto de las desigualdades de nivel y, por consiguiente, de de las dificultades de los riegos como de la poca cantidad de agua”. Comparado con la actualidad es interesante leer que de esta parte alta del valle Darwin informa de un rio de 15 metros de ancho y que el agua puede llegar al “vientre de un caballo”; lo que más menos corresponde a un volumen interesante de agua y remata con “siendo además rápida su corriente”. Este panorama da una visión de la importancia del caudal del río; pero persiste la actualmente reconocida calidad no agrícola de los suelos locales y cuyo producción no alcanza para alimentar a los (dice) 12000 habitantes por más de tres meses. Así, con el panorama adquirido hasta este punto, Darwin compara los valles de Guasco y Copiapó con dos islas estrechas y separadas del resto del país.

El 22 de Junio, la expedición de Darwin llega a Copiapó. Las observaciones de Darwin se dedican, principalmente, a la cuestión minera; acota que “Su población ocupa considerable extensión de terreno, porque cada casa está rodeada de un jardín; a pesar de lo cual es un pueblo desagradable. Todo el mundo parece tener por único objeto ganar dinero y

Vegetación a un costado del Río Copiapó.
Vegetación a un costado del Río Copiapó.

marcharse lo más pronto posible”. En otro aspecto Darwin dice que “los objetos de primera necesidad son muy caros (…). La carne está tan cara como en Inglaterra (…) la leña hay que llevarla de la cordillera (…)”. Éstas observaciones muestran las dificultades de la vida en el Valle de Copiapó y varias de sus observaciones tienen actualidad hasta la fecha. Cuatro días más tarde, Darwin hace una expedición a la cordillera- a su decir por varios caminos, por lo que no hay una referencia de rumbo exacto; entrada la noche llegan a una quebrada y encuentran el pozo llamado Agua amarga, indicando que “(…) no solo es salobre, sino que esta amarga y de un olor tan desagradable, que tenemos que pasar sin más que el té y el mate”. Darwin cree que este sitio se encuentra a unos 48 kilómetros del rio Copiapó y que en el trayecto no hay agua. Sin embargo Darwin indica la existencia de varias ruinas de asentamientos humanos antiguos, como indicando que la situación era otra anteriormente. A mediodía del día siguiente llegan al barranco de Paypote (sic) e informan de un arroyuelo con poca vegetación y varios algarrobos (Prosopis). En días posteriores informa del avistamiento de guanacos y huellas de vicuñas; también informa de avistamiento de un número importante de una especie de zorro, por lo que supone la presencia de roedores al respecto escribe ”después de los lagartos, los ratones son los animales que al parecer pueden habitar las regiones más estrechas y más secas de la tierra”. Ya de vuelta (1º de julio), Darwin manifiesta por escrito su placer de volver a oler plantas; una nota externa al propósito de este texto es que Darwin se refiere al cerro bramador o a la colina rugiente.

La última observación sobre el tema la hace Darwin tres días después de su regreso, escribiendo “hay muy pocas tierras cultivadas en la parte inferior del valle, apenas se encuentra una hierba vasta que casi no pueden comer los borricos. Esta pobreza de vegetación se debe a gran cantidad de materias salinas de que está impregnado el suelo. El puerto consiste en una reunión de chozas miserables (Nota: actual puerto de Caldera) situadas en medio de una llanura estéril”. Darwin indica que en su estadía observó agua en el rio que llegaba al mar. El 12 de julio la nave Beagle llego a Iquique.

Continuará…

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