Conversamos con el mago Adib Merlez sobre su arte del asombro en Copiapó

Adib Merlez  Quintar es uno de los magos con más trayectoria en Copiapó. Ha trabajado con el destacado ilusionista Luis Albornoz, con quienes han llevado la magia a la comunidad y además comparte sus conocimientos con los grupos de magos más jóvenes de Atacama. En la siguiente entrevista repasamos la trayectoria de este psicólogo y mago, y sabemos más del desarrollo de este arte en la Región de Atacama. 

Por David Ortiz

Cuéntame un poco de tus inicios en la magia, ¿cuáles fueron los primeros acercamientos a este arte en Copiapó?

Mi primer contacto  con la magia data de algo así como cincuenta años, cuando un vecino adulto, que además me enseñó a jugar ajedrez, ejecutó un juego con cartas que me impresionó mucho, pues no encontraba explicación lógica al acto de adivinación que hizo. Ese juego despertó mi curiosidad y desde entonces y hasta muchos años después, experimenté con caían en mis manos esporádicamente, pero de manera espaciada y poco sistemática, muy a lo lejos.

Tuve una segunda posibilidad cuando entré a la universidad y en un acto de bienvenida actuó el Mago Oli, que estudiaba la misma carrera (psicología). Esa experiencia despertó nuevamente en mí el interés por la magia, pero no tenía acceso a los círculos herméticos de este arte. Sin embargo, por el acceso a la biblioteca de la universidad y mi afición a la matemática, pude conectarme tangencialmente con una rama de la magia (la matemagia), a partir de la columna de un renombrado escritor de divulgación de matemática recreativa, Martin Gardner, que escribía por ese entonces (y por treinta años), la columna “Juegos Matemáticos” en la prestigiosa revista Scientific American.  Solo un par de décadas después y cuando ya me incorporé al mundo de la magia de lleno, supe que Gardner era, además de matemático, una eminencia en el mundo de la magia, creador de muchos juegos y autor de numerosos libros de la disciplina.

Mi tercer y definitivo acercamiento a la magia proviene de la casualidad de conocer a Luis Albornoz, quien se acercó al lugar donde yo trabajaba, porque buscaba un lugar para impartir un curso de magia y esa institución arrendaba salones… Huegla decir que me inscribí en ese curso, en el siguiente y a partir de entonces no he parado de estudiuar y practicar magia.

Hasta finales de los 90 seguía siendo muy difícil conseguir material relacionado a este arte, ¿cómo lograste
acercarte a los secretos de la magia?

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Adib Merlez compartiendo una presentación en Copiapó.

La razón de esa dificultad es que la magia tiene un componente secreto, que los verdaderos aficionados y amantes del ilusionismo evitan divulgar sin razón. Desgraciadamente el advenimiento de internet y otras tecnologías de información y reproducción han develado muchos de esos arcanos.  Sin embargo, por la misma razón, la afición a la magia ha crecido enormemente en estos años y muchos excelentes exponentes de este arte han aparecido al amparo de esa realidad. Por otra parte, es evidente el aporte de esos medios para la magia por la posibilidad de estudiar magia a distancia y “linkear” a la comunidad mágica, lo que antes se hacía por un

lento medio epistolar o en los escasos congresos de magia en el mundo, además de lo lejano que era todo eso para nuestro aislado Copiapó. Desde los noventa ha habido una verdadera explosión es ese sentido y hoy falta tiempo para asistir a convenciones, cursos, festivales, congresos, etc., muchos de ellos en Latinoamérica, algunos de ellos en Chile.

Volviendo a la pregunta, logré acercarme a los secretos porque Luis Albornoz me entusiasmaba para que asistiéramos en tándem a cuanto encuentro de magia teníamos al alcance. Por otra parte, comprábamos material mágico de tiendas especializadas y leíamos ávidamente todo lo que caía en nuestras manos relacionado con nuestro arte ( o veíamos videos).

Has realizado varios trabajos ligados a este arte, ¿podrías comentarme algunos de ellos, como por ejemplo el que desarrollaste junto a Luis Albornoz?

Con Luis estuvimos juntos en un valioso proyecto llamado “Vivo Soñando” que es de su autoría y al que él gentilmente me invitó. Era un proyecto que consistía en acercarse a comunidades de vecinos en Copiapó, para llevar un mensaje de optimismo a través de la expresión de algún sueño personal, utilizando la ilusión de la magia y el externalizar y compartir las aspiraciones personales en una atmósfera esperanzadora y positiva. En ese proyecto se hicieron preciosos registros gráficos de los sueños de las personas, los que fueron divulgados posteriormente.

¿Qué es lo que más te gusta de la magia cómo arte?

Lo que más me gusta de la magia como arte, es que en sus mejores obras se puede disfrutar de la ejecución en armonía de elementos creativos de diferentes disciplinas; por ejemplo, una rutina del gran  René Lavand (recientemente fallecido), nos hace vibrar con su prosa y su verso, con la palabra exacta, dicha en el momento preciso y después del silencio tenso, mientras lo imposible sigue ocurriendo en su mano. Las ejecuciones de Lavand son verdaderas obras narrativas de suspenso y asombro, pinceladas con toques emocionales inteligentes y ejecutadas con la precisión de un violinista. Así como él hace con su insuperable maestría en la prestidigitación y en el verbo, otros incorporan música, plástica y otras artes escénicas según sea el caso. Un ilusionista a menudo tiene que ser actor, comediante, narrador, orfebre o malabarista. Y además, al mismo tiempo y de manera invisible, está haciendo cosas que el espectador no ve ni sospecha que suceden. La magia es una expresión de arte compleja e inteligente, que desata en cada ejecución una maquinaria muy precisa, basta un rechinar a destiempo de ella para que la ilusión se muera. Es distinta a otras artes porque un buen cuadro ya fue logrado y ya. Será arte cada vez que alguien lo mire y se impacte. Una canción o la música son comprendidas y seguidas por la afición que se conectan con la sensibilidad del autor o del intérprete. Pero la belleza interior del arte mágico estriba simplemente en no ser percibida por la conciencia del espectador, que solo aprecia su vida externa. Ocultar el secreto o más, hacerlo inexistente a la conciencia del público, ya es un arte en sí.

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Adib Merlez es psicólogo de profesión y leva décadas desarrollando la magia en Copiapó.

¿Crees que debería valorarse más la magia como un arte donde están presente elementos profundos del humano, mucho más allá de su carácter de entretención?

Absolutamente. Al igual que otras expresiones artísticas, como la literatura o las artes escénicas, la magia nos lleva a los límites de lo posible y los empuja un poco más  allá, expandiendo nuestro mundo real hacia la frontera del quizá… Esa es para mí incluso una función social de la magia, porque desde que el hombre ha soñado con lograr aparentes imposibles, ha habido un adelantado o explorador (mago, ilusionista, charlatán, investigador, iluso…) que lo ha intentado y ese planteamiento inicialmente ridículo o fantasioso, ha terminado, de tanto intentarlo ese iluso y otros, por pasar desde el otro lado de espejo a este. Así dominamos el fuego o volamos en alas delta. Antes de que eso sucediera, prender fuego o volar era cosa de hechiceros…

Actualmente trabajas en un grupo de magos compuesto en su mayor parte por jóvenes magos. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Extraordinaria. Somos menos de una docena de copiapinos que nos reunimos con cierta periodicidad a disfrutar del arte mágico, a compartir amistad, enseñanzas, anécdotas y a practicar. La magia es un arte muy celoso, que te pide tiempo y exige dedicación, pero por otra parte te llena de satisfacciones porque es todo un mundo para expresarse, que cobija sin distingo de edades ni procedencias a todos los que le son fieles. Con ella puedes reír, pensar, llorar, estar expectante y relajarte. La magia se parece a la vida, porque la vives.

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