La historia del ermitaño de Inca de Oro que produce vino en pleno desierto

Don Eliseo vive solo en un sector al cual han denominado “El Valle del Pirquinero” y al cual solo se llega de oídas o por un buen dato de los lugareños en uno de los rincones de la comuna de Diego de Almagro, en las cercanías de Inca de Oro. Conocemos su historia extraordinaria historia de producción de vino artesanal en la siguiente nota.

Por: Christian Palma y Andrea Meseguer

Don Eliseo Rojas tiene 80 años y hace 22 que produce vino orgánico en pequeñas cantidades, “entre 300 y 400 litros por año”, asegura. Lo hace de manera artesanal en la hectárea de viñedos que posee y cuya tierra comparte con damascos, membrillos, higos, algunas hortalizas, gallinas, conejos, tres perros y un gato. Hasta ahí, es una historia normal y que se podría repetir en cualquier sector vitivinícola familiar de los muchos que hay a lo largo de Chile. Sin embargo, lo que convierte esta labor en algo extraordinario, es que el octogenario agricultor autodidacta, planta, cosecha y procesa sus mostos en pleno desierto de Atacama, a 110 kilómetros de Copiapó, hacia la cordillera al interior de la localidad minera de Inca de Oro.

Para llegar al lugar, al cual los visitantes que arriban han comenzado a llamar el Valle del Pirquinero -por su parecido al Valle del Elqui y sus infinitas faenas mineras de menor escala- se debe transitar por caminos de tierra en medio de un paraje árido y agreste. Es casi imposible imaginar que unos kilómetros más arriba, exista la “Viña del Desierto”, como Don Eliseo bautizó a este verdadero oasis y que se remonta a 1989 cuando decidió dejar la ciudad y buscar un lugar tranquilo para vivir y criar algunos animales.

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Eliseo Rojas, localidad de Inca de Oro. Comuna de Diego de Almagro.

Mucho antes, cuando trabajaba en una empresa eléctrica que instaló torres de alta tensión en la zona, Don Eliseo descubrió este valle desértico que contaba con una vertiente subterránea. Se jubiló y lo compró sin pensarlo dos veces. “Primero limpié y saqué miles de piedras, no habían ni lagartijas, luego inventé un sistema para sacar agua y empecé a plantar las primeras parras y otros arbolitos”, recuerda.

Más tarde y recordando a Paihuano, su pueblo de origen al interior del Elqui, las enseñanzas de su abuelo, un español que llegó a Chile arrancando de la Primera Guerra Mundial y su padre agricultor, comenzó a elaborar vinos con sus propias manos, usando maquinarias antiguas y rudimentarias que compraba de ocasión y un sistema de goteo similar al que ocupa la consolidada industria vitivinícola del Valle de Copiapó.

De a poco las plantaciones fueron creciendo y los vinos mejorando en sabor y calidad “hasta que salió la primera producción”. “Lo malo –dice- es que este año, por culpa del aluvión, llegaron más ratones que de costumbre y tuve que sacar antes las uvas, por eso el vino agarró un sabor un poco más ácido”, cuenta don Eliseo ofreciendo la primera copa del día y reconociendo que muchas veces no sabe ni la hora ni los días que transcurren, salvo cuando va a Copiapó a cobrar su exigua jubilación y comprar víveres.

Su particular producción la vende a los turistas, “principalmente gringos”, asegura, los cuales llegan “dateados quien sabe por quién”, hasta este inusual vergel buscando “una botellita”. Su valor no supera los 10 mil pesos y se acaban rápido, pues no son muchos los litros que logra procesar. “Las botellas las reciclo, ni siquiera tienen etiquetas y quizás nunca gane una medalla con esto, pero es un vino muy rico”, dice Don Eliseo con humildad.

Cae la tarde y Don Eliseo sigue moviéndose rápido entre los viñedos, ni de cerca representa las ocho décadas que dice tener, “el campo me da vida”, asegura. Una vida que casi pierde cuando el pasado 25 de marzo de 2015 el aluvión que azotó a Atacama arrasó con su casa y parte de sus parras. Así y todo, no pudo llevarse  su pasión por las uvas que quiere complementar con un camping y parrillas “para todos los que quieran venir a tomarse un vinito conmigo”.

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