Turismo patrimonial, un desafío para la región

Frente a la necesidad de incorporar nuevos campos a la oferta Turística, existe un tipo de turismo imprescindible para esta, es el Turismo Cultural.

Por Alejandro Riveros

La revalorización que  ha surgido en los últimos años de la identidad local, como un plus y una ventaja comparativa del patrimonio, ha dado pie para incorporarlo a la parrilla de ofertas que actualmente posee el turismo. Esto puede suponer una alternativa real a la insipiente y creciente economía actual de la zona promocionando y generando circuitos y atractivos basados en un turismo cultural, al mismo tiempo que desarrollando una oferta de ocio y cultura basada en productos patrimoniales de calidad.

El turismo es una actividad económica que se va a adaptando a los nuevos hechos que van apareciendo, las tendencias turísticas en la actualidad están cambiando, he ahí la idea de incorporar la cultura a la oferta turística, por ello debemos considerar al turismo cultural  como un producto con mercado propio y no solo como un complemento de la oferta de un determinado lugar  turístico, el patrimonio pasa de ser un recurso a convertirse en un producto capaz de  incorporarse a la economía de cada región capaz de generar ingresos y empleos, que si lo pensamos y lo ponemos en el plano regional, tenemos una gran oportunidad de negocio basada en la historia e identidad.

En nuestra región existen una gran cantidad de lugares cargados con un potente sentido histórico y patrimonial, que no son explotados por los oferentes cuando el turista llega hasta  la zona. El visitante actual apela por la  tradición y carga histórica del producto y no por lo común.

Es por ello que debe desarrollarse un aspecto único, diferenciable y que esté más allá de lo que entra a la vista. Algo que sólo se pueda encontrar aquí y que sea difícil de ver a primera vista. En ese sentido, el patrimonio intangible cobra valor. La historia, la cultura, las tradiciones y la identidad son elementos que tienen un valor en sí mismo.

Además, el turismo basado en el patrimonio colabora con  la conservación y entrega valorización del patrimonio al mismo tiempo hace que quienes viven en la zona y son parte de esas costumbres e historia colectiva, adquieran conciencia de sí mismos y ayuden a conservar los estilos de vida tradicionales, esos que consolidan nuestra identidad y perpetúan las prácticas propias de cada grupo social.

¿Por qué no imitar lo que hacen otras regiones en este sentido? Por ejemplo el caso de Valdivia que todo el año tiene paseos en lanchas por el río Calle-Calle, recorriendo la ruta de los fuertes patrimoniales que posee relacionados con la colonia alemana y el terremoto del 62. El caso más evidente es el de Valparaíso con sus rutas patrimoniales en los cerros, en trolle y también en el mar. ¿Por qué no imitar estas iniciativas en Atacama? Crear por ejemplo una ruta de los pequeños pueblos mineros que han desaparecido, La ruta patrimonial Costera, La Ruta histórico-patrimonial del valle del Huasco.

Se hace necesario buscar mecanismos para que la comunidad se interese en la importancia de comprender nuestro pasado local, que a la vez les sirva tanto como un disfrute, como para ayudar a salvaguardar la riqueza patrimonial que poseemos en Atacama. No solo haciendo referencia a la historia oficial, sino también a la popular. Aprovechar el patrimonio intangible y exaltarlo.

En otras palabras, el turismo cultural contribuye a reforzar la idea de nuestra identidad cultural y a la protección del patrimonio, este último no tiene ningún sentido si no se utiliza. El patrimonio adquiere valor según el uso que le da la comunidad, no solo como un producto turístico, sino también con instrumento de educación, identidad, desarrollo social, económico y cultural.

 

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