La experiencia de los huertos comunitarios en Copiapó y Tierra Amarilla

Por Ratania

Este sábado 6 de mayo la Red Ambiental Copayapu dará inicio en Tierra Amarilla a uno de los dos talleres de huertos urbanos en sectores vulnerables. Conversamos con la vocera de estos activistas medioambientalistas, Sandra Peña, para saber sobre sus motivos y aprender sobre cómo trabajar la tierra en Copiapó.

Después de saludar rápidamente, Sandra Peña entra al huerto de la UDA y llega determinada hasta donde está la manguera. Se pone a regar todas las camas de cultivo con tanto entusiasmo que el barro no perdona ni zapatos ni pantalones de cualquiera que esté cerca. “Nadie ha venido a regar, estamos volviendo de vacaciones”, se explica Sandra.

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La tallerista Amancay Cepeda y su huerto. «Mientras la cama se iba preparando, íbamos aprendiendo la teoría”.

El proyecto comenzó en abril del año pasado, en vista de la disponibilidad del terreno y el interés de le FEUDA 2016 en materializar un huerto urbano, que hoy se encuentra detrás del gimnasio techado, entre el cerro y el río.

De los 45 talleristas del año pasado, hoy quedan cinco entusiastas que han extendido su residencia y se harán parte del nuevo proyecto de la Red Ambiental Copayapu: dos nuevos huertos urbanos y sociales en sectores vulnerables de la región. Este sábado 06 de mayo comienzan a trabajar el primer huerto comunitario en la Junta de Vecinos Los Forjadores de Tierra Amarilla, iniciativa que está abierta a la comunidad de Tierra Amarilla en general.

Quienes deseen participar pueden escribir al facebook Escuela de Huertas Orgánicas o al email redambientalcopayapu@gmail.com. El segundo se hará en Paipote. En ambos casos las comunidades presentaron el interés en recibir este taller y acompañamiento por seis meses de manera gratuita.

Los instructores de los nuevos talleres serán los miembros de la red y los ex talleristas de la UDA, quienes también aportarán las semillas orgánicas que ellos mismos producen. Como se trata de un trabajo voluntario, el grupo busca cooperación de todas las personas valoren el proyecto, a través de ayudas materiales como maderas, palas y otras herramientas. Las necesidades concretas de cada comunidad irán siendo publicadas en el facebook Escuela de Huertas Orgánicas.

“Vamos trabajar los huertos seis meses, pero la idea es que queden para toda la vida. La idea es que también se genere una fuente de trabajo: cómo se organizan, para dónde van las platas, cómo administran el huerto, cómo dividen el dinero, si compran más insumos, o se reparten el dinero entre ellos, o contratan gente de la comunidad que trabaje el huerto. Eso se lo vamos enseñando en el curso para que el huerto ojala quede en todas sus formas autosustentable”, ahonda Sandra.

La preocupación por la generación de comida comenzó hace más de cinco años, cuando los miembros de la Red Ambiental Copayapu empezaron a escuchar de los transgénicos. Según Sandra, mientras que con temas como los relaves, las termoeléctricas y la sobexplotación de recursos naturales se puede hacer muy poco en la práctica (como marchas e indagaciones de tipo legal), con la alimentación sí se puede tener un efecto concreto: “Cuando tú le dices a la gente, “Mire, todo lo que usted consume del supermercado es transgénico,  las verduras o las hortalizas son transgénicas, tenga cuidado, en Chile ya llegaron los transgénicos”, [te dicen] “Ya, pero qué quiere que coma”. Entonces les presentamos un problema pero tenemos que buscar soluciones. Esa es la idea de empezar a promover o incentivar el tema de las huertas orgánicas, comunitarias, solidarias, de bajo costo”.

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Usualmente se plantan zapallos, melones, albahaca, cebollas, tomate, hasta papas

¿Y qué tanto se puede hacer en una zona de relaves, de mucho polvo y escasa agua? Sandra tiene claro que en Copiapó las cosas no tienen dificultad para crecer: “Corre un poco de agua y empieza a brotar la maleza”. Apunta hacia el suelo e insiste: “Es fértil pero está muerto. Tú vas a mover esto y no  vas a encontrar un animalito, nada. Pueden salir hortalizas pero no nutridas. ¿Qué hace la agricultura convencional? Le aplica abonos, pesticidas, químicos, para que esto crezca. En la idea de nosotros, no. Lo primero que hacemos es reparar el suelo”.

Por eso el taller comienza con aprender a nutrir el suelo de forma natural: se excava el suelo a 30 centímetros, se airea, y luego se cava 30 centímetros más. Una hortaliza requiere 40 centímetros, pero con 60 aseguran la vida del suelo. Luego se abona con estiércol de vaca o cabra, y se deja un tiempo para la solarización, que permite eliminar gran parte de las enfermedades y semillas de maleza.

Una de las talleristas está en ese proceso. El suelo trabajado se ve distinto, ya no es compacto, está húmedo. Esa diferencia de textura que se observa es la esponjosidad, es decir, no hay demasiada arena ni demasiada arcilla. Luego se formará el humus, “la parte del suelo vivo”. “Tú metes la mano y encuentras chanchitos, pequeños animales que sirven para mantener la fertilidad constante del suelo y la aireación que necesitan las raíces”, relata Sandra.

Luego se planta a través de la asociación de cultivo, es decir, colocar una diversidad de plantas de manera tal que se protejan entre sí y se nutran, y también mantenga la humedad del suelo. Acá usan almácigos que se hacen con las mismas semillas orgánicas que ellos producen, y cuando tienen un tamaño suficiente, lo trasplantan. Así reducen el riesgo de perder semillas, ahorran tiempo y agua. La gracia de estas semillas, dice Sandra, no es sólo que sean orgánicas, sino que por ser sacadas de acá mismo, son semillas adaptadas a la zona: «Yo puedo traer semillas orgánicas del sur, pero no necesariamente me va a dar el 90% de germinación, sino que el 50%, por el clima, el suelo, todo eso. Es buenísimo, porque podemos generar un banco de semillas en la región».

Y entre otras cosas, se está comenzando con talleres de compostaje con miras a generar un voluntariado en torno a esta actividad. Al lado del huerto hay una pila de material orgánico que ya está seco. Con la idea de usar la materia orgánica de los casinos más todo lo que lleve la gente, guano y agua, entre tres y seis meses se puede obtener compost, dependiendo de la temperatura.

¿Qué pasa en un clima tan seco? En los talleres se aprenden ciertas técnicas para que se humedezca el ambiente. Además, hay un calendario de siembra. Sandra explica que Copiapó tiene «un clima medianamente privilegiado»: «Dicen que de enero en adelante no se pueden sembrar tomates en el sur. Sin embargo nosotros tenemos hasta mayo un calor suficiente, todavía estamos sembrando tomate. Y podemos hacerlo de manera natural sin tenerlo todavía en invernadero. En los meses más fríos lo protegemos en invernadero. O sea, durante casi todo el año podemos sembrar casi todas las hortalizas. Sin embargo en el verano, si te das cuenta de esas mayas que están tiradas, en el verano estaban todas las camas de cultivo tapadas. Porque el calor es tanto, es tan tan fuerte, que estresa a las plantas y las plantas empiezan a florecer. Entonces pierdes el sentido de la hortaliza que vas a consumir y terminas sacando las semillas. Para eso hay que proteger. El problema acá es el exceso de calor, que reseca rápidamente, y en el sur es el exceso de frío”.

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