Opinión: El reordenamiento territorial, un tema incómodo para el poder y necesario para las comunidades

Opinión: El reordenamiento territorial, un tema incómodo para el poder y necesario para las comunidades

En la siguiente columna, el sociólogo Francisco Astudillo reflexiona sobre la necesidad reordenar la disposición de las comunidades en Atacama, tomando en cuenta las variables de riesgo dadas por los cambios en el clima. Un tema incómodo para los gobiernos y grupos políticos institucionales, donde el Estado no funciona de acuerdo a la realidad y en donde los cambios necesarios no son aplicados por los grupos de poder. Unas veces por temor y otras veces por conveniencia.

Por Francisco Astudillo

Otra vez, casi como un deja vú, Atacama inundada, territorios destruidos y lo que no está bajo el barro, lo está bajo el polvo. Nos levantaremos, los aprendizajes colectivos del 2015 aún resisten las fuerzas del olvido. No obstante, tendremos que repensarnos a futuro. Las estrategias de mitigación y las políticas preventivas conocidas hasta ahora, aparte de insuficientes y superadas en sus diseños y sus ritmos, responden a otro contex. Vivimos en la sociedad del riesgo, en la que el cambio climático ha transformado radicalmente los patrones de comportamiento en el clima, mientras las variables asociadas a las estrategias que buscan proteger territorios urbanos, rurales y regionales siguen siendo básicamente las mismas, y sobre todo insertas en un paradigma por completo superado.

 

La calle Las Heras recibe agua que baja de todas las quebradas de Copiapó. Foto Tierra Cultah.

La calle Las Heras recibe agua que baja de todas las quebradas de Copiapó. Foto Tierra Cultah.

Como planteaba Ulrich Beck (2006), el desarrollo de las fuerzas productivas y la producción a gran escala de la riqueza (los marxistas hablaríamos de mercados de superacumulación) producen, reproducen y multiplican los riesgos a escala global y dislocan su síntomas hacia nuevos territorios, poniéndonos frente a situaciones que no pueden ser resueltas con prácticas y diseños de un mundo que ya no es el mismo. El cambio climático no es un fenómeno natural, sino el punto cúlmine de las interacciones metabólicas entre sociedad, economía y naturaleza mediadas por los modos de producción en su fase de globalización capitalista. En ese contexto, una interrogante legítima es preguntarnos si las estrategias han sido suficientes o no, ya sea en sus escalas, recursos y diseños (yo diría que no). Pero una pregunta distinta y hasta ahora no problematizada debería llevar a preguntarnos de manera más profunda sobre algunas complejidades de la dimensión espacial, en la medida de que independiente de lo más o menos adecuadas que sean las medidas de mitigación, algunos territorios son áreas de riesgo. Más en este nuevo escenario, el ordenamiento territorial debiese así dar paso a un RE ORDENAMIENTO TERRITORIAL en el marco de las nuevas condiciones de incertidumbre, riesgo, amenazas y vulnerabilidades territoriales. Estas últimas, ensambladas ciertamente a longevas trayectorias de riesgo invisibilizadas por el cortoplacismo fragmentario que atraviesa a nuestra cultura política.

Hace poco más de dos años Camilo Prats escribía “Los Puentes cortados de Atacama”, un artículo publicado en Plataforma Urbana en el que luego de la catástrofe se preguntaba por los diálogos e intercambios entre la academia, la comunidad y el Estado, y sobre la posibilidad de prevenir el desastre. Su diagnóstico fue que los puentes entre estas esferas estaban cortados en la región, lo que bien valdría hacer extensivo bajo distintas condiciones a buena parte del país como bien lo ha demostrado la experiencia en una larga y lamentable serie de catástrofes socio-naturales en nuestro país. Sus reflexiones y conclusiones críticas apuntaban a una política pública reactiva, siempre atrás de los acontecimientos; a una lógica subsidiaria del Estado en la superación de las consecuencias de los desastres, a la insuficiencia en la integración del conocimiento académico y el reconocimiento de saberes locales, todos elementos que mantienen una severa vigencia al día de hoy, dos años después, en un lamentable deja vú.

Casas que no se vieron afectadas con el aluvión del 2015, recibieron un gran impacto este 2017. Foto Karis Zepeda.

Casas que no se vieron afectadas con el aluvión del 2015, recibieron un gran impacto este 2017. Foto Karis Zepeda.

Hace poco más de dos años yo mismo escribía una primera reflexión sobre la sociedad del riesgo y Atacama a propósito de los aluviones y la posterior fase de polvo en suspensión, en la que articulaba reflexiones sobre la producción económica y la paralela producción de riesgos. Muchos elementos de estas reflexiones se mantienen también vigentes, tanto en términos de las dimensiones socioambientales y la vinculación de estas problemáticas y sus riesgos a la mercantilización ampliada del espacio, como de los efectos que le siguen a las inundaciones y que proyectan la catástrofe como un proceso que se extiende. Hace falta superar el proyectismo anclado en el presente, pasar de una planificación estática hacia una prospectiva que considere la incertidumbre y que produzca planes y políticas públicas bajo diversos escenarios, considerando escenarios críticos e incómodos. Una dimensión de dicha cuestión es la relocalización en el ordenamiento territorial.

Estos nuevos aluviones han mostrado que determinadas áreas y localizaciones se emplazan en zonas que intensifican sus vulnerabilidades, y que de no mediar soluciones audaces y radicales (inclusive, impopulares), sus vulnerabilidades espaciales se constituyen en regularidades estructurales bajo las condiciones actuales. Mi amigo Alain Musset -un destacado geógrafo francés- ha mostrado que en nuestro continente la necesidad de trasladar asentamientos no es nueva ni ha sido marginal (2011). De hecho, su trabajo explora en perspectiva histórica de larga duración en más de 160 casos en los que ciudades enteras debieron ser reubicadas, muchas de ellas (la mayoría) por factores vinculados a los desastres (1996); las llamó “ciudades nómadas del nuevo mundo”.

Ciertamente las dificultades de actualizar la dinámica de las ciudades nómadas estudiadas por Musset a nuestros nuevos tiempos son importantes, ya sea por factores políticos y económicos y socioculturales (entre otros). No obstante, sí es factible y hasta necesario producir políticas de reordenamiento territorial que consideren el traslado de poblaciones e infraestructura que están emplazadas en áreas de riesgo, y que por lo demás su ubicación actual aumenta el riesgo y lo distribuye a otros territorios. Nuestra nueva catástrofe es una más en una serie larga y continua que a escala nacional hace ineludible una transformación estructural en la institucionalidad política y también técnica en las formas de prevenir, mitigar y enfrentar este nuevo escenario como una política de alcance nacional. Ahora, el presente urgente nos interpela a colaborar, poniendo en práctica lo que aprendimos hace poco más de dos años atrás.

Crédito foto destadada: Tatiana Izquierdo Referencias

Referencias:

-Beck, Ulrich. 2006. La Sociedad del Riesgo: Hacia una nueva modernidad. Paidos: Barceona. -Musset, Alain.

“Mudarse o desaparecer. Traslado de ciudades hispanoamericanas y desastres (siglos XVI-XVIII)” en Virginia García Acosta, coord.,Historia y desastres en América Latina,vol. I, Bogotá, la RED/Ciesas, 23-45.
-2011. Ciudades Nómadas del Nuevo Mundo. México D.F: Fondo de Cultura Económico. Astudillo Pizarro, Francisco. 2015. “Atacama y la Sociedad del Riesgo”, Revista Atacamaviva (on line), abril 2015. http://www.atacamaviva.net/Autor.aspx?IDPreview=4740&IDSec=17 Prats, Camilo. 2015. “Los Puentes Cortados de Atacama. Comunidad, academia, estado y poder”, Revista Plataforma Urbana (on line), abril 2015. http://www.plataformaurbana.cl/archive/2015/04/01/los-puentes-cortados-de-atacama-comunidad-academia-estado-y-poder/?hc_location=ufi

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