“Salivario Lhybrido”, el comentario literario del poeta Vicente Rivera

“Salivario Lhybrido”, el comentario literario del poeta Vicente Rivera

El siguiente es el texto que el poeta Vicente Rivera leyó durante la presentación del libro Salivario del escritor David Ortiz en Valparaíso este año 2017. El libro de cuentos, prosa poética y dibujos es analizado con la pluma del autor de “El Ojo del Lagarto”. 

Por Vicente Rivera Plaza  

Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco. / antiguo proverbio Griego.

Como una locomotora que pierde su riel David parece desbordar su propio lenguaje para estrellarse y fusionarse con el universo que él “ha creado” con restos arqueológicos de inciertas culturas ancestrales y relatos no tan alejados del folklore semiurbano de un desierto minado por leyendas de cateadores emparentados con nuestros padres allá en algún campamento minero. Leyendas que parecen oscuros piques abandonados como minas antipersonales, como ductos hacia abismo que misteriosamente nos ponen en contacto con aquellas inciertas culturas de un pasado autóctono.

El exceso de-mente, manifiesta taquipsiquia contagiada por la saliva silabario de un habla que se rebalsa y en ella deja caer al sujeto, que se cree portador de cierta salvación: “los podría amar tanto como me amo yo, por eso me sacrificaré” advierte, quien se despide iniciando el libro en aquel viaje hacia el fin: “hoy me despido de todos con un megáfono en la mano, gritando desde mi locomotora cuesta abajo, fuera de control”. Pero no hay tal salvación sino más bien un juego de espejos que nos deja suspendidos, colgando, igual que el protagonista del cuento El colgado al afirmar: “Quedé de cabeza preso de una perspectiva impuesta”.  Y eso a todas luces no es salvación sino más bien condena, suerte de Prometeo encadenado. Pero contra la condena de esa suspensión aparente, el protagonista insiste en romper ese extraño límite que es el suspenso y habla: “Mandé todo al carajo, abrí la puerta que daba al sitio donde estaba antes y me dejé caer”. Sin embargo, permanece hasta el fin del cuento “condenado”.

Ningún personaje se escapa, incluso en Piedras Negras, prosa angular que parece condensar una eterna y angustiante precipitación cósmica, todos caen, junto al Minero Rojo, “tras caer por el pique de una veta abandonada” al delirio verborréico de quien se encuentra fuera de sí, buscando un lenguaje, una forma, una historia, que lo sujete a alguna raíz firme para suspender la caída, raíz que se encuentra en los paisajes del territorio en que se articulan estas narraciones, raíz que parece incorporar o dar cuerpo a las figuras antropomorfas y demoniacas que se trazan en las ilustraciones que el propio escritor dibujo para el libro, raíz cabeza de colgado invertido, raíz culturas ancestrales, raíz leyenda minera, raíz insuficiente para sujetar al narrador y al personaje que siempre caen o se dejan caer y en la caída se hacen uno. Como si un solo narrador contara y viviera estas historias, en distintas dimensiones, distintos micro universos que se contactan “en los nodos donde se cruzan las líneas del tiempo que el diablo teje con totora”. Por decirlo en palabras del Salivario que aquí se nos presenta.

El desborde, el rebalse de estos escritos precipita la caída y entonces se produce este libro hibrido en el sentido etimológico de la palabra, monstruosidad producida por la ruptura de los límites de lo que debiese ser, del orden universal, y pérdida de la forma original en tanto se mezclan géneros, mitologías y leyendas, libro bastardo en tanto el híbrido es una mezcla que ha perdido su origen, libro bastardo que busca arraigarse, paradoja que habita en la saliva del lenguaje. Híbrido de la Hybris griega antigua, es decir como desmesura que arrastra la furia de los dioses (Daimon- demonios) y con ello la caída del héroe por su desmesura, por romper el orden con su patetismo, también pensado etimológicamente, es decir como afección emotiva, enfermedad, en definitiva, delirio y locura. Que se manifiesta en todos los personajes del libro que cierra precisamente con un héroe caído diciendo: Salte al vacío y caí en una caverna entre rocas. Y ese es también el salto que da el escritor David Ortiz Zepeda con este Lhybrido de Saliva que conforma sílabas y sílabas que conforman palabras, palabras que son desmesura que hay en el patológico pensamiento de la salvación.

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