La historia de Crisógono de la Sierra, el popular Padre Negro de Atacama

La historia de Crisógono de la Sierra, el popular Padre Negro de Atacama

Por: Alvaro Herrera M. / Extraído de www.Semanario7Dias.cl

Al hablar de Padre Negro, nos referimos al sacerdote franciscano Juan de Dios Sierra y Velásquez también conocido como el padre Crisógono. Nace el 1 de febrero de 1877 en Robledo, Medellín Colombia. Crece en la finca de sus padres, El Astillero. El niño tenía ya el espíritu de San Francisco, creciendo entre flores, amaba a aves y animales. Ya adolescente estudia leyes, no terminó. Era muy moreno y de pelo crespo, media 1.65 m.

En 1904, hace un primer intento de hacerse sacerdote, se presenta en el convento Franciscano de Medellín y es rechazado por tener 27 años, considerando que se le había pasado la edad. Luego estudia ingeniería en obras civiles, no terminó la carrera, este conocimiento le servirá en el futuro, para construir capillas y levantar cruces. Es muy poco el conocimiento por no decir nulo de los detalles de su vida estudiantil, se ignoran los lugares exactos de sus estudios que pueden haber sido en Bogotá o Medellín.

En 1911, el joven Sierra vuelve a la carga, y se presenta en el convento de San Francisco de Medellín, ciudad en un valle entre montañas verdes. Lo recibe el padre Juan José Decock, sacerdote belga, atraviesa un patio de baldosas con faroles arcaicos junto al severo templo, reina el silencio en la espesa arboleda del huerto. El joven Sierra es aceptado, será sacerdote, para eso debe partir a Bélgica, ríe y casi vuela por las calles de Medellín. Zarpa el vapor de Cartagena de Indias rumbo a Europa. Llega a hacer su noviciado en la ciudad de Tielt. Allí recibe el nombre de Crisógono. El 15 de septiembre de 1911, viste el hábito castaño de los Franciscanos, ora de rodillas al Señor, es una sombra ante los cirios encendidos.

Luego va a otros claustros, estudia latín algo de griego, filosofía y teología. Además debe estudiar francés, lo apoya otro fraile en esta tarea, es Maurice de la Porte, quien se convierte en su mejor amigo, le dice, ¡Crisogone! El padre Maurice de la Porte, terminó viviendo en Chile en la ciudad de Vallenar. El padre Decock, murió en Copiapó en 1936, en el claustro de la Alameda.

Al amanecer iban en procesión por el claustro con velas encendidas, luego el desayuno en el refectorio. Un día nevaba copiosamente, el padre miraba sorprendido.

Yo entrego al Señor y a la Virgen mi vida

Camino por el pasillo de las velas encendidas

Miro hacia el patio, ya es primavera

Han brotado los magnolios

 

Es mediodía y se sienten las campanas, un vuelo de palomas surca el espacio en busca de los viejos torreones. El joven siente que es feliz en el claustro.

En 1916, el 20 de agosto es el día de la ordenación, día de alegría y calor, es verano en Bélgica, el día da paso a una noche estival, la luna parecía inmovilizada sobre el viejo claustro. Luego como sacerdote vuelve a su tierra Colombia.

 

ATACAMA.

En 1920, es destinado a Chile. Llega a La Serena el día de Navidad 25 de diciembre. En 1921, es enviado a Copiapó, llega al viejo claustro franciscano de la Alameda, observa los cerros áridos, toma posesión de su pequeña celda con un catre y un crucifijo, un velador cojo y una vela gorda y blanca. Conoce a los frailes, recorre el claustro, sale y vaga por la ciudad.

Lo nombran párroco de Punta Negra, parroquia rural en el pueblo de San Fernando camino a Paipote. Estos terrenos eran de doña Celsa Vergara, mujer muy cristiana, ella acoge al padre Sierra, es una casa grande antañona junto al camino de tierra. El interior de la iglesia de Punta Negra era severo, modesto, preside una imagen del Señor de la Buena Esperanza, tallado en madera de cedro, la sacristía es pequeña y ordenada.

En 1922, el padre Sierra trabaja en la terminación del templo de la Candelaria, la obra había quedado por años inconclusa. El padre dirigía el FOTO1REPPAD28072013trabajo y trabajaba a la par con los carpinteros, todos hablan del “incansable padre Crisógono” “El apóstol del bien”. La gente empieza a conocerlo camina lento y humilde, parece “el poverello” el santo de Asís que ha nacido de nuevo, camina entre las flores y conversa con el viento.

Alguien se acerca y le dice –Usted es el Padre Negro- El mismo que viste y calza y el mote me lo pusieron por lo oscuro de mi cara. El padre sale a misionar por los caminos, va a pie entre viñas y tapias viejas. La señora Celsa le regala un caballo blanco para sus misiones, entonces va más lejos y llega a Puquios, pueblo minero situado al norte de Copiapó, se convierte en un personaje de este pueblo, predica y es escuchado, la gente acude a escuchar la palabra, bautiza a los niños, habla de Dios. “Pueblos suyos somos y ovejas de su prado”. A veces llega a caballo y otras veces en tren, en 1922, ya es un personaje del desierto. Pensamos que el padre Sierra anduvo por otras partes de Atacama con sus sandalias pías, por Travesía y por Chimberos, pero Puquios fue su lugar preferido para su misión.

Un día era día de pago, día de fiesta en el pueblo, una gran mesa rodeada de hombres, toman vino. En eso llega el padre negro y se sienta a compartir. – Usted padre, dijo alguien, sentado con pecadores. – Nuestro Señor Jesús también se sentaba con pecadores y publicanos, como no lo va a poder hacer este humilde siervo.

 

LA PROFECÍA.

El 8 de noviembre de 1922, se inicia el Mes de María, era tradicional hacer ese día una procesión por las principales calles de Copiapó. La gente se reunió esa tarde en la Plazuela de San Francisco para iniciar la marcha. El Padre Crisógono daba las últimas instrucciones cuando apareció un policía a caballo, a toda velocidad. –Padre, la procesión puede ser atacada. Los enemigos de la fe habían abierto las compuertas del pretil y las calles se inundaron. El padre Sierra exclamó:   Esto es muy grave, nunca había visto tanto odio contra la cristiandad, una catástrofe como castigo asolará a Copiapó y se hundirá por sus muchos pecados. No quedará piedra sobre piedra.

 

PROFECÍA

Han hecho cosas muy graves

Se ha de estremecer la tierra

Se derrumbarán los muros

Las casas y las tiendas

Se hundirán las techumbres

de la ciudad entera.

En los pueblos costeros

La mar furiosa invadirá la tierra.

 

Nadie creyó que esto ocurriría tan pronto, en 48 horas tembló la tierra u asoló a Atacama en una noche siniestra, viernes 10 de noviembre de 1922.

Vallenar y Copiapó en el suelo, muchos heridos y muertos. El maremoto cobró su máxima violencia en Chañaral, destruyendo la parte norte de la ciudad.

Ese día el Padre Negro se encontraba en Puquios. A media tarde quiso regresar a su parroquia, montó en su caballo blanco y abandonó el pueblo cruzando el desierto. El sacerdote llegó a las casas de Punta Negra cuando caía la noche. Encendió lámparas en el corredor, preparó una sopa y se puso a leer el breviario, oraba para entregarse al sueño, cuando se escuchó un ruido prolongado y empezó a moverse el suelo. Temblor pensó, empezaron a caer objetos y a rodar por el suelo, el padre se puso de rodillas afirmado en el catre. Se sentían gritos y ladridos, se alborotaron las aves. Dios mío misericordia, esto no acaba Christe audinos, audinos Domine. Cuando se aplacó la tierra salió al corredor, las estrellas parecían ajenas a todo.

El Padre Negro predijo el sismo, decía la gente, la fama del franciscano se esparció por todo el país.

Así fue creciendo la fama

De este misionero

Más allá de Atacama

Fue creciendo como el río

Cuando se juntan las aguas

 

A la mañana siguiente, el padre estaba nervioso, vio a Cirilo en el camino, era un trabajador de la familia Vergara, lo llamó para que lo ayudara. Ven le dijo, cómo están ustedes, ayúdame a poner en orden lo que cayó, entraron a la capilla y vieron que había resistido bien. –No fue una profecía, dijo el padre, terrible coincidencia, Señor yo debí refrenar mi ira, no me atrevo a ir al centro de la ciudad. Alguien dijo: En la calle Colipí no quedó nada parado. Vallenar fue el epicentro del sismo y el maremoto arrasó la parte norte de Chañaral. Unos días después ya el padre se atrevió a salir a la calle, se arremangó el hábito y se sumó al trabajo colectivo de ayudar a los demás. Para la gente quedó siempre que el Padre Negro predijo la catástrofe.

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EL CLAUSTRO DE LA ALAMEDA.

 

Copiapó volvió a la normalidad. El padre Sierra volvió a los campos y al desierto en sus misiones. A veces pasaba largas temporadas en el claustro de San Francisco de la Alameda, temporadas de retiro o de estudio. La iglesia, la residencia y el patio componen el claustro, más atrás existe una huerta y una pequeña viña. El hermano Plácido Peters era el cocinero en esa época, había hortalizas, olivos e higueras y colmenas de abejas. Sin embargo el padre Crisógono no se habituaba en este lugar, acostumbrado a andar por las serranías y por las planicies desiertas, le gustaba pasar por las viñas bajo el sol y bordear las tapias viejas. En el claustro buscaba la arboleda y los corrales.

Un portazo lo hace saltar, es el hermano Peters que transita por los vericuetos del claustro, lo sigue hacia una pieza lóbrega, con imágenes viejas, con pátina de otro siglo, hay un efluvio de flores secas y herrumbre de baúles viejos. Se sienten voces, son los padres que se dirigen al refectorio, es la hora del desayuno. Alguien recuerda –Mañana es el día de San Antonio, vendrán muchos pobres a nuestra puerta, hay que preparar los panes.

CALDERA.

En 1925, el padre Sierra sigue en la Parroquia de Punta Negra, en mayo reza la Novena de San Isidro, en el templo de la Candelaria. El diario católico de Copiapó, El Amigo del País, informa muy escuetamente una noticia el 24 de julio de ese año: dice “El R. P. Collín ha sido nombrado cura párroco de Punta Negra” sin más comentarios. Suponemos que en esos días el padre Sierra se hizo cargo de la parroquia de Caldera, alrededor del 26 de julio de 1925.

Con su sayal castaño

Viene el Padre Negro

Trae su sonrisa blanca

Y una cruz en el pecho

 

El Padre Negro tiene fama de santo, lo ven en dos partes al mismo tiempo, como San Martín de Porres, el santo peruano. Un monaguillo, niño que ayuda a la misa, lo vio una vez de rodillas flotando en el aire. Lo buscaba por todas partes una mañana y no lo hallaba, el chico estaba desesperado, miró hacia arriba y lo vio en el aire, el padre bajó lentamente y le dijo al niño que no le dijera a nadie, el niño siendo ya mayor lo contó.

El Padre Negro y la gruta en una representación hecha con motivo de la conmemoración del embarque del Batallón Atacama en Caldera. 2014.

El Padre Negro y la gruta en una representación hecha con motivo de la conmemoración del embarque del Batallón Atacama en Caldera. 2014.

Así a fines de julio de 1925, el Padre Negro aparece en la parroquia de Caldera con una bolsa y una maleta con sus escasas pertenencias, cruza el patio y observa la frondosa higuera, entra a las habitaciones que hasta hace poco ocupara el padre Osvaldo Jara. Es menos humilde que en Punta Negra. Esta el comedor, en el aparador guardan el vino para la misa, el padre va a Copiapó a buscar las hostias que confeccionan las monjitas del Buen Pastor, el trae las hostias en cajas, es pasajero habitual del tren de Copiapó a Caldera.

El padre escribe con una hermosa escritura caligráfica. Escribe cartas, diríamos cartas-informes dirigidas al obispo de La Serena Monseñor José María Caro, hace estadísticas, le indica cuantas comuniones, cuantas confesiones, cuántos niños asisten a catecismo etc. Firma así, “Crisógono”. Trata al obispo de “Señoría ilustrísima” le pide permiso para ser misionero, y le explica que la parroquia es muy pobre.

 

Personas más cercanas en la parroquia.

  • Ceferino Carrizo, sacristán
  • Luisa Siggelkow, la señorita Luisa era una figura de Caldera, alta, muy nórdica, tocaba el armonio y dirigía el coro.

Hija de un antiguo agente naviero de este puerto, Tomás Siggelkow.

  • Pascual Bianchi, que dirigía la Acción Católica. La familia Bianchi cooperó siempre con las obras del padre Crisógono.

A veces el Padre Negro camina varias cuadras al norte, al campo santo de Caldera, enclavado en la arena con sus tumbas de fierro, sus mármoles y epitafios en inglés. El padre observa el vuelo de las gaviotas, ve apellidos como Pellegrini, Mackennzie, Griffith. Ora en silencio, el padre sale a veces a la hora de la siesta por las calles de Caldera, va caminando en silencio, va por Cousiño, por Gallo, va por Edwards.

 

La Procesión de San Pedro.

Procesión marítima que se realiza en la bahía. El domingo 4 de julio de 1926, es la primera que preside el padre Crisógono en Caldera. Viene de Copiapó trenes llenos de fieles. El muelle es un mar humano, la lancha principal lleva la imagen de San Pedro, luego las lanchas con la gente, llegan hasta el lugar de la boya que indica el sitio preciso donde se hundió el blindado Blanco Encalada en 1891. Ahí el sacerdote reza un responso por los que murieron y regresan a tierra.

Misiones.

El Padre Negro abandonaba la parroquia para salir en misiones a pueblos mineros y haciendas del valle. La gente acudía a escuchar la palabra del Señor. El padre Sierra, colombiano, se había hecho Atacameño con el paso de los años, amaba este desierto con sus leyendas y misterios, ya era hijo de la camanchaca y del espejismo, primo hermano de los largos trenes metaleros, ya era hermano del pescador, del apir y el pirquinero.

También misionó a otros pueblos y ciudades, la primera fue Chañaral, le impactó sus cerros altos y sus rocas negras un paisaje muy diferente al de Caldera, se cree que construyó una capilla en este puerto aunque no hay pruebas de ello, existía la capilla llamada Santa Cruz enclavada en el barrio Bellavista del vecino puerto, que en los años cuarentas yacía abandonada, hoy en ese mismo lugar existe la iglesia de la Santa Cruz. Cuando el padre Crisógono fue a Chañaral la primera vez debe haber estado el párroco don José Mínguez, cura español que estuvo hasta 1928, y que fue el primero que fue a ofrecer misa en Potrerillos.

Otra misión importante fue la que realizó el padre Crisógono en Pueblo Hundido en 1937 (Hoy Diego de Almagro). Don Tomás Montoya recibió al Padre Negro en ese pueblo del desierto, allí construyó una capilla. Don Tomás Montoya, recordaba “Su retiro era admirable, su oración continua y metódica, no le temía a los rigores de la naturaleza, no había impedimentos para él, visitaba enfermos, su voz era consoladora, caía como un rocío en esos espíritus. El mismo padre construyó la capilla de Pueblo Hundido, era ayudado en esta labor pero él martillaba y medía, su trabajo era una oración “Este pueblo está sediento de Dios” decía.

La Prensa Católica.

El Padre Negro no tenía una vocación periodística, pero admiraba la prensa católica de la región, le encantaba recibir “La Luz” periódico católico publicado en La Serena, que eran unas pocas hojas. Había otra prensa, diarios católicos que también admiraba, pero traían noticias del país y del mundo, entraban al terreno mundano y social pero que eran una gran contribución a la iglesia. Así tenemos el amigo del País de Copiapó, La Jornada de Chañaral, El Día de La Serena.

LA CRUZ DEL CERRO.

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El Padre Negro colocaba cruces en los cerros, para mayor gloria de Dios, decía. Entre Caldera y Copiapó y en otros lugares de Atacama aparecían cruces que cambiaban el paisaje.

Con una cruz a cuesta

Va subiendo el cerro

Allá por los riscos

Trepa que trepa

Va el Padre Negro

La cruz más famosa que puso el sacerdote fue la del Cerro Chanchoquin que monta guardia junto a Copiapó. El preparó el camino de subida en zigzag para llevar los materiales, este trabajo para él era como una oración. Ya en 1934 tenía la idea de colocar una cruz en la cumbre, en las mañanas trabajaba en el faldeo. En 1936, la cruz ya era una realidad. Ese año se realizaba en Copiapó el Congreso Eucarístico, presidido por el obispo de La Serena Monseñor José María Caro. Se aprovechó esta oportunidad para bendecir la cruz del cerro. El 6 de septiembre de 1936, fue la bendición de la cruz. Monseñor Caro quedó impresionado con la hazaña de este padre franciscano y de repente se encuentra cara a cara con este San Francisco de ébano, humilde y sonriente. Ese día fue la procesión, a la que asistieron todos los padres del Claustro de la Alameda, la larga columna subía por la montaña, se hizo un Vía Crucis… Con esta Santa Cruz redimiste al mundo. El árido cerro bullía de oraciones y canticos.

El 30 de noviembre de 1936, murió en el Convento Franciscano de Copiapó el padre Juan José Decock, que acogió al Padre Negro en Medellín en 1911. El padre Crisógono llegó a darle el último adiós a quien fue su guía y consejero, Reinaba el silencio en la santa morada copiapina esa mañana, se preparaba la misa de réquiem, se encienden los cirios en el templo.

MISIÓN EN POTRERILLOS.

Se tienen escasos datos sobre estas misiones del sacerdote, solo podemos imaginarlas. Un cielo azul cubre Potrerillos, espera ese día la llegada del franciscano. La estación está llena de gente, todos quieren ver a esa leyenda viva que es El Padre Negro. Se escucha un ruido prolongado por la montaña es el autocarril en el que viene el padre. Aparece el vehículo, se detiene y desciende un sacerdote moreno con su sayal castaño, humilde y sonriente, se acerca el párroco de Potrerillos junto con don Tomas Braniff que es el alma de la parroquia. El padre se acerca a la gente y la bendice y parte una improvisada procesión hacia la iglesia que se divisa a lo lejos, data de 1926. Un altar lleno de flores espera al misionero, bordean la cancha de tenis, dejan atrás la pulpería mientras replican las campanas en el aire cordillerano. Todo Potrerillos se ha volcado a las calles. Mañana sábado son los bautizos, en las tardes las predicas. Estas misiones dejaron un recuerdo imborrable en estos lugares. Muchos años después, algunas personas decían con orgullo: a mí me bautizó el Padre Negro.

BODAS DE PLATA SACERDOTALES.

El día 20 de agosto de 1941, se cumplen 25 años desde que el Padre Crisógono hizo su primera misa en Bélgica. En el templo San Francisco de Copiapó el padre Sierra cantó misa solemne. La iglesia estaba repleta, el gentío llenaba por completo la plazuela a la entrada del templo. La vieja alameda, vía que transitó tantas veces, parecía de fiesta, los padres y frailes encabezados por el comisario provincial, padre Polidoro vinieron a saludarlo. Se preparaba la mesa en el refectorio, para un desayuno especial para después de la misa. Las campanas alegraban los patios del claustro. Las conversaciones no paraban, el padre les contaba de sus andanzas por el desierto y cómo se había hecho atacameño.

ULTIMO TIEMPO.

Corre el año 1944, aún el padre Crisógono era el párroco de Caldera. A fines de ese año recibe ejemplares del diario La Jornada de Chañaral, que se reanudaba, esto lo alegró mucho, se los muestra a Palmiro Bianchi – Buen diario- ¿No podríamos tener algo así en Caldera, Palmiro? Dice el Padre Negro. Don Pedro Vega que fundó este diario, agrega, es ahora director del Día de La Serena. Ahora el director de La Jornada es don Manuel Gallo de Copiapó. ¿Lo conoce? –Si- ¿El no es cura? –No, pero es un hombre de profunda fe.

El Padre Crisógono estaba preocupado de construir una gruta de Lourdes en unos lomajes de la parte sur de Caldera. El mismo trabaja ahí donde el viento es constante.

El sol alumbra el Puerto de Caldera

La Gruta del Padre Negro

Y más allá la soledad y la ventolera.

El padre pensaba plantar árboles y convertir el lugar en un vergel, un lugar de peregrinaje y oración, él no quería dejar este mundo, dejando la gruta inconclusa, pero Dios tiene sus designios.

QUE NO SE LO LLEVEN.

Se iniciaba el mes de julio de 1945, el padre Crisógono se aprontaba para partir en misión a la hacienda Castilla, situada entre Copiapó y Vallenar. Todos lo vieron en la procesión de San Pedro el domingo 1 de julio. El Padre Negro muere repentinamente en su parroquia el martes 3 de julio a las 10 de la mañana. La noticia se esparció por el pueblo como un relámpago. Se informa que el padre será llevado a Copiapó y será sepultado en esa ciudad. El pueblo de Caldera no aceptó. – Que no se lo lleven, que no se lo lleven. El es nuestro, era calderino, debe descansar en nuestro suelo, no vamos a permitir que se lo lleven a otra parte, el padre Polodoro da la contraorden y acepta que el padre sea sepultado en Caldera.

El ataúd está en la iglesia parroquial rodeado de cirios encendidos, ahí yace el misionero, los restos del padre muerto. Unas mujeres de negro se arrodillan como sombras. De Copiapó, de las minas, del valle llega gente a darle el adiós postrero. De todos los labios emergen anécdotas de la vida del Padre Negro. El puerto está de duelo en ese día de invierno, hay aroma de algas y azucenas en el viento, la higuera del patio se ve tan sola, parece que llora en el patio en sombras. El 4 de julio, fue el funeral, el comercio cerró sus puertas, una interminable columna se dirigía al cementerio. 68 años tenía el franciscano 25 años en Atacama. Su recuerdo es imperecedero en todos los pueblos de Atacama. Hoy lo recordamos a cien años de su primera misa en Bélgica.

Con una cruz a cuesta va subiendo el cerro

Allá por los riscos trepa que trepa va el Padre Negro.

BIBLIOGRAFÍA

Diarios

 

  • La Jornada, de Chañaral
  • El Amigo del País, de Copiapó
  • El Día, de La Serena

Libros

  • Pablo Renders. Padre Negro. Apóstol de Atacama.
  • Tussel Caballero. Padre Negro, Alma Blanca.
  • Nelson Barrientos. Entre el desierto y el mar.

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