Crónica: En busca del volcán que sepultó Bahía Inglesa

Crónica: En busca del volcán que sepultó Bahía Inglesa

En el siguiente relato, el Dr. Enrique Bernárdez, geólogo y paleontólogo, investigador de la Universidad de Atacama, nos presenta uno de los enigmas geológicos que mayor intriga causan en Atacama: ¿Dónde está el volcán cuya erupción habría sepultado a la formación Bahía Inglesa hace millones de años? Una pregunta que científicos de la zona buscan resolver y que en la siguiente crónica se nos presenta como un relato lleno de misterio y ciencia. 

Por Dr. Enrique Bernárdez, geólogo. 

Pocos años después, frente al Océano Pacífico nadie habría podido imaginar la catástrofe sucedida. Era por aquel entonces Bahía Inglesa una ensenada mucho más amplia que la actual, con aguas límpidas y tranquilas que se posaban mansamente sobre un fondo de arenas doradas y tan finas que parecerían impalpables. La bahía, mucho más protegida que ahora, albergaba un conjunto de islas de superficie aplanada, blancas de guano y repletas de aves que se hacinaban compartiendo las orillas con una multitud de focas y lobos de mar que sesteaban plácidamente al sol atacameño, ignorando la multitud de tiburones que les esperaban patroneando pacientemente la costa en busca de un cachorro imprudente o un adulto despistado. Las aguas apenas se movían con la suave oscilación de unas olas de crestas suaves y sinuosas que raramente llegaban a romper en una línea de costa alejada varios kilómetros tierra adentro de la actual.

Todo empezó con un rumor sordo y lejano en el que poco a poco pudieron distinguirse los ecos de las lejanas pero fuertes explosiones. Poco después, sobre el horizonte

Imagen: Tatiana Mayerovich

Imagen: Tatiana Mayerovich

andino pudo comenzar a verse una columna de humo negro que ascendía hasta alcanzar una altura desde la cual se extendía horizontalmente como un negro velo. En torno a la columna de humo se podían ver continuados rayos y relámpagos que acompañaban a la extensión del oscuro velo. La luz del sol comenzó a adquirir un tono anaranjado, apagándose poco a poco hasta volverse de un gris plomizo. Fue entonces cuando comenzó la lluvia de cenizas, al principio apenas perceptible, pero pronto claramente molesta e insistente cubriendo el suelo y las aguas, sobre las que flotaba como un manto grisáceo. La capa de cenizas fue aumentando poco a poco su espesor y se depositaba también sobre los animales forzándoles a una emigración peligrosa, unos entre las aguas todavía infestadas de tiburones, otros por una aire cada vez más viciado y con cenizas que se depositaban sobre sus alas, pero no todos podían escapar; los polluelos no podían abandonar unos nidos que rápidamente se iban convirtiendo en tumbas y los cachorros, de natación aun poco ágil eran devorados por tiburones ya en la misma orilla. Al poco tiempo la capa de cenizas flotante se hizo tan espesa que ni siquiera permitía nadar sobre ella. Toda la costa, la bahía y las islas quedaron en pocos días cubiertas de una espesa capa de cenizas que siguieron lloviendo todavía durante algunas semanas. Poco después, al cesar la llovizna de cenizas estas fueron depositándose sobre la bahía, dejando al final unas aguas limpias y tranquilas sobre un fondo ahora grisáceo y temporalmente desprovisto de vida. En poco tiempo comenzaron a regresar los peces y las aves y poco más tarde las focas y al cabo de unos meses apenas quedaba otro rastro de la catástrofe que el color ahora grisáceo del fondo de la bahía. Sin embargo todavía podía percibirse a lo lejos laa ya ahora débil columna de huno levantándose desde la lejana cordillera y al cabo de unos pocos años la tragedia se aún se repetiría al menos tres veces más.”

Imagen: Tatiana Mayerovich.

Imagen: Tatiana Mayerovich.

Así más o menos podría haber descrito lo que sucedió un testigo presencial… si hubiera habido alguien allá hace unos siete millones de años. En realidad el único testigo que hay de este suceso es una llamativa capa de roca blanquecina que ahora puede verse en el Parque Paleontológico de Los Dedos. El estudio de esta capa es uno de los objetivos del proyecto FIC financiado por el Gobierno Regional de Atacama sobre el Parque Paleontológico y su entorno que está ejecutando el equipo de investigación de la Universidad de Atacama. El color blanco que en la actualidad tiene la capa de cenizas se debe a la transformación de algunos de los minerales contenidos en la capa que han pasado a ser arcillas de este color. Una peculiaridad de esta capa de cenizas fósiles es la presencia de unos vidrios volcánicos muy singulares: son fragmentos de menos de medio milímetro, totalmente transparentes y con una forma alargada que recuerda trozos de tubos de vidrio rotos. Su composición es de sílice prácticamente pura y su forma nos indica que han sido originados en una explosión sumamente violenta que al lanzarlos al aire con esa gran energía los ha estirado dando esas formas tan peculiares. Nuestro equipo de investigación está intentando encontrar al culpable de esta violenta erupción. En el momento de producirse esta, al igual que en la actualidad los únicos volcanes activos se situaban en la parte más alta de la cordillera andina y son numerosas las capas de cenizas que se conocen en estas partes altas. Para encontrar nuestro culpable tenemos que establecer la identidad entre las cenizas de Bahía Inglesa y alguna de estas capas, que al estar más próximas al foco emisor pueden ser relacionadas con un volcán concreto. Para ello lo primero que tenemos que hacer es demostrar que son de la misma edad aproximada y ello es posible con una datación absoluta basada en la desintegración de algún elemento radiactivo contenido en alguno de los minerales que forman la capa de cenizas, en nuestro caso el Argón contenido en la Biotita, una mica de color negro que hay que separar del resto de minerales para evitar contaminación. Gracias a la financiación del Gobierno Regional en el proyecto FIC de Los Dedos vamos a poder realizar este costoso análisis y obtener una edad lo más precisa posible, pero aun así los márgenes de error en la edad no son suficientes para establecer la identidad, ya que en la actualidad el margen de error para estas dataciones es de decenas de miles de años y en ese lapso pudieron haber ocurrido varias erupciones en la cordillera. Par establecer con seguridad la identidad entre las erupciones es necesario buscar además la “huella dactilar” de la erupción. Una vez seleccionado un grupo reducido de candidatos deberemos comparar la composición química más detallada de las distintas erupciones. Esto es lo que los geólogos llamamos elementos traza, que están contenidos en los minerales en proporciones infinitesimales y cuya proporción relativa es prácticamente exclusiva de cada erupción, dando es especie de “huella dactilar” que nos permitirá identificar al culpable. Esperamos así que al final del proyecto FIC de Los Dedos se pueda identificar al volcán que generó la capa de cenizas y conocer además la magnitud real de la erupción, ofreciendo así a los visitantes del parque una información completa del proceso que generó esta capa y las circunstancias en que se produjo.

Investigador en el sector de la Formación Bahía Inglesa

Investigador en el sector de la Formación Bahía Inglesa

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